Poca carne y menos calidad en comedores
Por el aumento del precio de los alimentos, bajó la calidad de lo que se sirve.
“Hacemos lo imposible”, “milagros”. Así definen los encargados de comedores infantiles sus estrategias en tiempos de inflación para dar de comer a los niños. Pero como los chicos no se llenan ni con milagros ni con lo imposible, lo que sucede es que, finalmente, no les queda otra que retacear la carne y servir cortes de menor calidad.
Es la consecuencia de los aumentos de precios que ya todos conocen: no hace falta más que ir al súper y comprobarlo. Según el relevamiento de este diario publicado ayer, sólo en marzo la canasta del supermercado subió 8,7 por ciento. Y lo que más duele son los productos básicos como el pollo, la carne, el arroz, los huevos o el azúcar, que subieron en los últimos nueve meses entre un 22 y un 84 por ciento.
“La cocinera hace milagros. Cuando hay poco dinero, hace unos guisitos con un poco menos de carne. O compramos la carne que está de oferta, que nos vino muy bien pero no es de muy buena calidad. La milanesa la reemplazamos por una hamburguesa, con la carne molida más barata”, contó María Bazán de la guardería Cielito del Sur, en barrio Granja de Funes 2.
“Tratamos, en lo posible, de no bajar la calidad y buscamos alternativas. Si la carne está muy alta, nos la rebuscamos. En una salsa de fideos con carne, se puede mezquinar un poquito”, cuenta Silvia, de la guardería Rinconcito de Luz.
¿Y las frutas y verduras? Los cinco comedores consultados aseguran que la clave está en buscar la fruta o verdura de estación más barata. Y cuando no alcanza, el postre se suplanta con un budín de pan hecho del pan viejo o con una gelatina con un pedacito de manzana o banana incorporada.
A amasar todos los días. En La Botellita, que con sus cinco comedores alimenta a unos 750 chicos, ya no compran fideos ni ravioles. Los amasan las cocineras del lugar. "Si los tenemos que comprar, es imposible. Optamos por amasarlos, así se ahorra un montón. Con un pollo, que mezclamos con espinaca, acelga o choclo, hacemos relleno que sirve para muchos platos", cuenta Carla Flores, encargada de las compras.
Pero no es la única forma de cuidar el peso. Carla asegura que, hasta hace unos meses, se servía carne al horno una vez por semana. Hoy, sólo lo hacen una vez por mes. Y el resto de los días, guiso, estofado, salpicón de atún o tortilla de verdura con arroz o fideo. No sólo comida
El problema no es sólo alimenticio. Es que, aunque en ese rincón de barrio Parque Ituzaingó traten de no bajar la calidad de la comida, sí “hay que privarse de un montón de cosas, como comprar útiles o materiales didácticos para atender a los chicos integralmente. Un porcentaje de lo que recibimos de la Provincia es para gastos administrativos pero lo usamos todo para la comida”, cuenta Silvia.
Así, se limitan los objetivos de que esas guarderías-comedores no sólo sean lugares para comer sino también centros de atención integral de la niñez en los barrios más humildes.
La Provincia pagaba, hasta febrero, 3,10 pesos por niño por día para cubrir todas esas necesidades. Desde marzo, prometió que la ayuda aumentará a 3,60 pesos.
Y como en general no alcanza, estas guarderías-comedores se nutren y sobreviven gracias a las donaciones y a otras estrategias, como la realización de bingos barriales o el aporte de las madres y padres de los mismos beneficiarios. Por eso, piden una mano.
Para ayudar. Se pueden donar alimentos, dinero, útiles escolares, juguetes y materiales didácticos.Rinconcito de Luz: (0351) 497-0858. Cielito del Sur: (0351) 153-687018. Mis Pollitos: (03543) 441-966. La Botellita: (0351) 152 741 688. Banco de Alimentos: (0351) 496-9212.

