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Pequeños dioses que les prestan vida a las cosas

El mundo de los niños es el de la esperanza siempre amanecida. Alejandro Mareco.

27 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Pequeños dioses que les prestan vida a las cosas

El mundo de los niños es el de la esperanza siempre amanecida. Todos hemos sido pequeños y hemos creído en el después. Y hoy, aunque quizá no era como pensábamos, seguimos creyendo pues siguen llegando niños para alumbrar con sus diminutas linternas el futuro en sombras. Los cachorros humanos tienen la inmensa capacidad de conmover con su versión de hombres y mujeres en miniatura. Entonces brota la ternura, ese sentimiento que nos abre el pecho y las manos para abrigar a los niños en su fragilidad, para que tengan la oportunidad de aferrarse a la vida.Los ojos de los pequeños ven el mundo (la vida, las cosas, la gente, los lugares) con asombro, como en un escenario inmenso y generoso donde todo es posible, incluso soñar. Muchas veces confían más en sus fantasías que en la pobreza de la realidad, a la que miran de soslayo. Así, son capaces de encontrar almas en fríos pedazos de materia. Están tan maravillados con la vida, tan convencidos de que sin ella no se puede vivir, que, como si fueran poderosos dioses, les prestan un poco de esa vida a sus muñecos, figuritas, juguetes, a cosas que no son más que cosas.Acaso por ese poder es que tiene sentido un juguete en las manos de cada pibe en su día, pese a la voracidad comercial que la fecha esconde bajo el poncho. Es que los niños creen en el mundo y están dispuestos a darle otra oportunidad.