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¡No vale gol de pesquero!

La historia recuerda a los que ganan, reza uno de los salmos con más consenso en el fútbol. Juan Carlos Carranza.

12 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
¡No vale gol de pesquero!

La historia recuerda a los que ganan, reza uno de los salmos con más consenso en el fútbol. Expresa el máximo grado de competitividad que alcanza este deporte, pero no necesariamente es garantía de la cuestión estética. Es cierto que son pocos los casos en que el inconsciente colectivo rememora a equipos que, jugando bien al fútbol, nunca ganaron nada. La selección de Holanda de 1974, de Johan Cruyff, viene rápida a la memoria. Y no hay mucho más.El fútbol, en modo competencia, deja de ser un juego en el más estricto sentido de la palabra para transformarse en la búsqueda de un resultado. Esto es así tanto en la versión más profesional como en la última de las ligas amateur. "A mí no me gusta perder ni a las bolitas". La frase podría pertenecer a Cristiano Ronaldo o a Cacho Yerom, el asesor estrella de esta columna, que juega de 10 en una liga de veteranos."Pero en el campito es distinto, rigen otras leyes", reconoce Yerom. En el potrero no se recuerdan los triunfos; se recuerda a los habilidosos, a los que hacían rabonas, a los que gambeteaban dos o tres veces al arquero antes de hacer el gol. En la canchita del barrio, lo estético y lo lúdico están por delante del resultado.En la canchita, nadie quiere hacer goles comunes. Los goles no son importantes, sino la manera en que se los hace. Cuántos habremos llegado a la línea de gol (entre dos piedras o dos montículos de ropa), con el arquero vencido y los defensores desparramados y, en lugar de trasponer la meta, nos agachábamos y cabeceábamos la pelota un instante antes de que nos destrozaran la cabeza de una patada. Último gol gana. En un partido en el campito nadie lleva el resultado del encuentro. O si lo hace, apenas es una aproximación: "Vamos 19 a 17", se suele escuchar. Pero como algún día hay que volver a casa, sobre todo cuando las madres apremian para tomar la merienda, el mejor broche para el partido es darle un toque de emoción: "¡Último gol gana!". No importa que hasta ese momento alguno de los equipos vaya ganando. Esto es así porque no existe el concepto utilitario de ganar en el potrero.Del mismo modo que un "puntazo", esa torpe manera de impactar el balón, está mal visto en este ámbito. Y es una ofensa grave el gol de "pesquero". A tal punto llega esta afrenta que en los patios de las escuelas ese gol no es válido. Incluso, los "pesqueros" son recordados como los villanos de los potreros.Por suerte, las canchitas, las calles sin salida, los potreros, son la reserva estética de nuestro fútbol.