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No me peguen, soy varón

Es difícil no tentarse: uno conduce su auto cuando, de repente, otro vehículo se le aparece por la bocacalle, desde la izquierda, sin mirar ni frenar. Tras clavar nosotros los frenos, observamos por la ventanilla y vemos que ese conductor es “la” conductora. Entonces se nos escapa el exabrupto. Edgardo Litvinoff.

25 de noviembre de 2012 a las 12:01 a. m.
No me peguen, soy varón

Es difícil no tentarse: uno conduce su auto cuando, de repente, otro vehículo se le aparece por la bocacalle, desde la izquierda, sin mirar ni frenar. Tras clavar nosotros los frenos, observamos por la ventanilla y vemos que ese conductor es “la” conductora. Entonces se nos escapa el exabrupto. Automático, instintivo, poniendo en evidencia que nos domina el enano primitivo, ese que a diario combatimos a punta de civilidad.

Para empezar, no nos damos cuenta de que hasta la estadística nos retruca: los estudios viales muestran que las mujeres suelen tener menos habilidad técnica para conducir un auto, pero son las que menos accidentes producen, debido a su mayor prudencia. De todas maneras, poco importa ese dato.

Esta situación cotidiana puede sonar anecdótica al lado del verdadero reclamo que organizaciones civiles hacen en estos días, al conmemorarse hoy el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer. Piden frenar los femicidios, menos maltrato, más igualdad. Recuerdan a las tres hermanas Mirabal, asesinadas en República Dominicana el 25 de noviembre de 1960 por orden de Rafael Leónidas Trujillo, a cuya dictadura se oponían y contra la cual pusieron el cuerpo.

Sin embargo, el insulto corriente, que a veces nos parece nimio, es la mejor forma de naturalizar ese sistema violento. Empieza ahí, sigue en casa, y vaya a saber adónde termina.

En 2011, hubo en Córdoba 26.456 denuncias por violencia doméstica, según un informe del Centro Ricardo Núñez. El incremento fue del 74 por ciento entre 2006 y 2011.

A veces, las cifras dicen más que mil palabras.

Aprendizaje. No es fácil ser varón cuando de propiciar la igualdad de género se trata. Uno no sólo lucha contra su instinto y una poderosa estructura inconsciente colectiva, sino también con una imagen formada por los demás.

Precisamente, un grupo de cordobeses participa este fin de semana en Haedo (Buenos Aires) del Primer Encuentro Nacional de Colectivos de Varones – Deconstruyendo masculinidades y luchando contra el patriarcado. Es decir, para “luchar contra las opresiones y privilegios” que, dicen, el patriarcado les destina.

Eso incluye eliminar la violencia en el trato hacia las mujeres y también sacarse de encima actitudes que, a veces, todos y todas esperan de los hombres.

En vista de la realidad y de las cifras, todavía queda mucho por aprender.