Temas del día:

“Nina” llegó a Córdoba a reencontrarse con su padre

Ángel Felice, el papá, había emigrado después de la Segunda Guerra. Ella trabajó en un hotel y se destacó como peinadora. Dice que aquí siempre vivió bien.

25 de octubre de 2014 a las 12:02 a. m.
“Nina” llegó a Córdoba a reencontrarse con su padre
Buenos recuerdos. Gaetanina “Nina” Felice llegó a los 11 años en barco desde Italia. Venía a reencontrarse con su padre, quien había peleado en la Segunda Guerra Mundial. Aquí se casó, tuvo una hija y trabajó toda su vida (La Voz / José Gabrie

Gaetanina "Nina" Felice (76) tardó 27 días en el barco Áurica desde Italia hasta Argentina, en 1950. Tenía 11 años cuando dejó su pueblo, Trivento, en Campobasso, a 200 kilómetros de Roma. Había emprendido semejante travesía, junto a su mamá María y a su hermano, para reencontrarse con Ángel, su papá, que había emigrado tras la Segunda Guerra Mundial, donde fue prisionero."Nina" recuerda el día que arribó y fue "bautizada" con el nombre de Cayetana, por Migraciones. Era común que las autoridades cambiaran, por confusion o desconocimiento, la identidad de los inmigrantes al pisar Buenos Aires."La guerra terminó en el 45, pero mi papá recién volvió en el 46, porque lo tenían prisionero. Un día, un capitán le dijo: 'Mire, si usted se quiere escapar, yo no lo vi'. Y se escapó", cuenta "Nina". Se había marchado en el 39.Caminó cinco días, desde Nápoles hasta su casa. "Cuando llega, yo estaba cuidando unas ovejas y me dice: '¿vos hija de quién sos?' Yo tenía 7 u 8 años", recuerda "Nina" Felice, emocionada."Mi mamá creía que había muerto, así que apenas aparece mi papá yo voy a llamarla. Entonces lo ve y se desmaya porque era un palito vestido. Traía una nalga prácticamente podrida", relata. "El juró que si se salvaba, se iba a ir de Italia, a cualquier otro lado".Se recuperó y a fines del 48 comunicó a María que se marchaba a la Argentina.Su esposa le reprochó que los dejara solos, otra vez, pero él le prometió que la familia volvería a reunirse. Ángel consiguió un contrato como albañil y se embarcó en 1949, con 34 años. Trabajó tres meses aunque le pagaron menos de lo prometido y salió buscar otro empleo. Un ángel para Ángel Un día recorriendo el Mercado de Abasto a la pesca de nuevas oportunidades, conoció al señor Marzo, a quien le confesó su deseo de reunir a su familia en Córdoba. "Soy agricultor", le explicó. Marzo lo contactó con un hombre de apellido Disca que necesitaba un mediero, camino a Chacras de la Merced. Lo tomaron y lo primero que sembró fue apio. "Encontró un ángel porque Disca le dio para que viviera hasta que estuviera la cosecha", agradece "Nina".Con la primera venta, Felice compró una cama, un ropero y cuatro sillas. Estaba feliz. Le escribió a su mujer para que vendiera todo en Italia y cruzaran el mar. "Estaba tan enojado con Italia, estuvo tantos años sin nosotros, que no quería volver", refiere "Nina". Combatir la plaga Cuando María llegó a Chacras de la Merced se quería morir. Ángel compartía una casa prestada, vieja y húmeda. Para colmo, a mediados de 1953, una plaga de langostas arrasó con las cosechas. "Mi papá nos levantaba de noche y con una rama salíamos a correr las langostas para que no comieran la papa", recuerda "Nina". Salvaron la cosecha. El hotel Claridge Empezaron a buscar una nueva manera de ganarse la vida hasta que un "paisano" les avisó que había un hotel en alquiler en la calle 25 de Mayo 218, en pleno centro de Córdoba. Aunque no tenían idea del rubro, fueron a verlo. Era el Hotel 25 de Mayo, antiguo Gran Hotel Victoria, que Felice luego bautizó como Claridge.La familia vivía y trabajaba en el hotel sin horario fijo. Luego abrió el restaurante La gruta azul, que funcionaba las 24 horas, una experiencia inédita para la época. "En el año 60 nos hicimos una casa en calle Rincón, en barrio General Paz (...). A la escuela, desgraciadamente, fui poco", dice. Cursó en la escuela Ricardo Güiraldes. "¡Qué triste es cuando uno no sabe el idioma! Iba a primer grado con 11 años y los chicos se morían de risa porque yo hablaba mal... Entonces me daba vergüenza. Fui un año nomás", relata.El castellano lo aprendió con la ayuda de una "maestra": Valentina, mucama del hotel Claridge. "Ella me decía: 'No digas así, está mal dicho. Tenés que decir así'", recuerda. Entre la 1 y las 4.30 de la tarde, "Nina" aprovechaba para aprender corte y confección, con las propinas que se ganaba. Se recibió de profesora. Cuando la familia se mudó a General Paz, "Nina" comenzó a coser trajes de novia y de comunión. Pero no le gustaba demasiado. Lo suyo eran los peinados. Se anotó en una academia y a los tres meses ya trabajaba en la peluquería de Jabase Calas, detrás de la que hoy es la terminal de ómnibus vieja."Un día cae un señor de L'Oreal para comentar que había un concurso y preguntó si me quería anotar", recuerda "Nina". Se inscribió y ganó un curso de tintura y peinado."Me fui a Buenos Aires, con una suerte bárbara: conocí a un italiano, mi primer esposo. Que era muy bueno", subraya. José "Pepe" Cartulano era napolitano, estaba solo en la Argentina y era 12 años mayor que ella, entonces de 23. Se conocieron un 8 de agosto. En octubre, "Nina" volvió a Córdoba, también con conocimientos de manicura y maquillaje. Cuellos y peinados A la semana de su retorno, Pepe viajó a Córdoba a hablar con Ángel Felice, su futuro suegro. Se casaron en 1963 y retornaron a Buenos Aires porque él trabajaba en la empresa Dunlop. Cartulano se iba a las 6 de la mañana y volvía a las 6 de la tarde. "Nina" dice que se aburría bastante, hasta que descubrió que una vecina hacía cuellos de camisas. Comenzó a ayudarla hasta que la modista se enfermó y ella se encargó de coser y entregar el trabajo a la fábrica Perfecta Lewis. Hacía 12 docenas de cuellos por día. "A las 6 menos cuarto escondía todo porque mi esposo no quería que trabajara. Un día me pescó. Yo quería juntar plata para ponerme el salón de peluquería", remarca.Al tiempo descubrió un aviso en el diario. "Necesito con urgencia una peinadora de peinados de fiesta". La contrataron y llegó a hacer entre 30 y 40 peinados por día en 14 horas de trabajo. Le fue bien.En 1966 puso su propia peluquería en el jardín de su casa. A Córdoba viajaba todos los fines de semana. En movimiento En el 69 regresaron a Córdoba, a trabajar en el Claridge. Su marido falleció en 1998 y nueve años después se casó con Eduardo, nieto de italianos. A los 76 años, "Nina" sigue inquieta como siempre. Se levanta a las 7, vende pasajes para la agencia de turismo Pedraza, preside un centro de jubilados y la Comisión de Damas del Comités , es tesorera de la Dante Alighieri, miembro de la Asociación Molisana y canta en el coro del sindicato de los empleados de comercio. "Es cuestión de estar en movimiento", asegura contenta.

Blog. En www.lavozdelinterior.com.ar/voces, encontrás todas las historias de inmigrantes.