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Ñáñez pidió perdón por los "pecados de la Iglesia"

El arzobispo recalcó la plena defensa de la vida desde su concepción. También aludió a las "miserias" que han "escandalizado y distanciado a los hermanos en la fe". Video.

06 de abril de 2012 a las 12:01 a. m.
Ñáñez pidió perdón por los "pecados de la Iglesia"
Procesión. La Manifestación de Fe partió desde Colón y Rodríguez Peña, encabezada por el arzobispo, monseñor Carlos Ñáñez. Una hora después, la marcha llegó hasta la Plaza Vélez Sársfield (Facundo Luque / La Voz).

El frío nocturno pudo haber tomado a algunos por sorpresa, pero la mayoría se había provisto de abrigo y bufandas. Así arrancó la procesión de Jueves Santo, precedida por el oficio religioso en María Auxiliadora y el tradicional lavado de pies. Esta práctica es considerada el máximo gesto de humildad y arrepentimiento, inculcado por el propio Jesús a sus seguidores (ver video) La Manifestación de Fe es una costumbre casi centenaria. Esta marcha callejera se realiza sin íconos ni ornamentos, presidida por la autoridad eclesiástica, con el fin de transmitir la renovada confianza en la doctrina cristiana. En sí misma, la Pascua es una celebración simbólica, que reproduce la pasión y muerte de Jesucristo. La procesión conmemora sus últimas horas de vida, transcurridas en la soledad de Getsemaní y en la cena final con sus discípulos, poco antes de ser apresado y conducido al Gólgota para su crucifixión. Como todos los años, la de anoche partió desde Colón y Rodríguez Peña, encabezada por el Arzobispo, Monseñor Carlos Ñáñez. Lo acompañaban autoridades y representantes cívicos, ente ellos la vicegobernadora Alicia Pregno y el viceintendente Marcelo Cossar. Ya eran más de las 21.30. Lo avanzado del horario obedece a la necesidad de aguardar la salida de misa, o de las obligaciones laborales. Una hora después, la muchedumbre arribó a las renovadas inmediaciones de la plaza Vélez Sársfield. Las aguas de la fuente recién inaugurada, y la iluminación circundante, le otorgaron un particular entorno al mensaje pascual. En esta oportunidad, el prelado hizo clara alusión a temas actuales y conflictivos: el aborto y la eutanasia (sin nombrarlos); los escándalos sacerdotales, que han ido tomando carácter público, y la gesta de Malvinas. "El Señor nos invita a reconocer nuestros pecados, que nos han distanciado de Él, y de nuestros hermanos …", comenzó diciendo Monseñor Ñáñez. Reconoció que los pecados cometidos en el seno de la Iglesia han motivado el alejamiento de muchos creyentes. Luego recalcó el compromiso absoluto con la vida, que siempre "es preciosa y sagrada", desde "su concepción hasta la muerte natural, sobre todo aquélla que es frágil o está indefensa". Sobre el cierre de su breve alocución, el Arzobispo hizo un sentido recordatorio de quienes "ofrendaron su existencia en las (Islas) Malvinas" (ver Mensaje completo). Entre sus dichos, se recalca: Incoherencias. "Jesús, tan grande y tan humilde, nos invita a reconocer las incoherencias, fragilidades y miserias que quizá han herido, o incluso escandalizado, a los hermanos en la fe, y ocasionado su alejamiento de la Iglesia". Egoísmo. "La vida es fecunda cuando nos entregamos a los demás; el egoísmo la malogra". Vida. "Esta noche queremos proclamar, comprometidamente, que toda vida es preciosa y sagrada, especialmente cuando está indefensa, y lo es desde su concepción hasta su fin natural". Malvinas. "Recordemos a quienes ofrendaron su existencia en Malvinas, para que Dios les conceda eterno descanso y consuele a sus seres queridos… Y para que ayude a cerrar las heridas de los veteranos, y para que la sociedad sea más solidaria".

“Consolar al pueblo”

Buenos Aires. En la misa crismal, el cardenal Jorge Bergoglio alentó ayer a los sacerdotes del clero porteño a "consolar" al pueblo saliendo a su encuentro, transmitiendo la fe, "haciendo el bien" y "defendiendo la verdad", al recordarles que esa es la forma de "permanecer en la unción" de la vida sacerdotal.

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