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Más inseguridad alimentaria

El Gran Córdoba tiene el mayor porcentaje de hogares con inseguridad alimentaria, según el Barómetro.

18 de julio de 2013 a las 12:01 a. m.
Más inseguridad alimentaria

El Gran Córdoba tiene el mayor porcentaje de hogares con inseguridad alimentaria, según el Barómetro.

La inseguridad alimentaria expresa la reducción involuntaria (no porque decidieron hacer dieta) de la porción de comida y/o la percepción de experiencias de hambre en el último año (ver gráfico).

La cifra en Gran Córdoba es de 15 por ciento, mientras que la media nacional medida por la Universidad Católica Argentina es de 11,7 para 2012.

Tanto en el país como en Córdoba, esta valor creció entre 2011 y 2012, sólo que el crecimiento cordobés fue mayor (dos puntos porcentuales) que el nacional (0,5 por ciento).

Sin embargo, la inseguridad alimentaria fue mayor en 2010 para ambos casos, debido la crisis global de 2008.

“La crisis de 2008 trajo un incremento en los costos alimentarios. Este dato refleja una parte de la inseguridad alimentaria. En los últimos años la inflación también ha contribuido”, señala Patricia Cristaldo, nutricionista titular de la cátedra de Economía Familiar de la Escuela de Nutrición de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

Para Cristaldo es difícil determinar por qué en Gran Córdoba la inseguridad alimentaria es más alta. “Estamos en una provincia productora de alimentos, pero hay un gran desfasaje entre el precio que le pone el productor y el que tiene el producto final. La especulación y la cadena de intermediario influyen”, especula.

A nivel hogar, el factor determinante es el ingreso. El Barómetro determinó que los hogares con jefa mujer cuentan con un 81 por ciento más de chances de padecer inseguridad alimentaria que los de jefe varón.

Los hogares cuyo jefe tiene un empleo precario o está subempleado presentan el doble de chances de encontrarse en esta situación alimentaria que aquellos cuyo principal sostén tiene un empleo pleno.

“El ingreso no es lo único. Depende de las condiciones de las familias, de los recursos materiales, pero también simbólicos”, reflexiona Cristaldo.

En un trabajo de campo que realizó, la especialista descubrió diferentes estrategias que desarrollan las familias con menos recursos para evitar pasar hambre.

“Cada vez más familias se dedican a la autoproducción y comparten estos alimentos con otros familiares. Otras hacen acopio de alimentos o reemplazan alimentos por otros más baratos. O recorren más distancias para comprar más barato”, ejemplifica.