Más demanda para la misma oferta
Cada año, para esta misma época, los padres desesperan por bancos que no siempre encuentran. O encuentran en el lugar que no desean.
Cada año, para esta misma época, los padres desesperan por bancos que no siempre encuentran. O encuentran en el lugar que no desean. Es sabido que la elección de un colegio –privado o público– suele rondar alrededor de cuestiones ideológicas, religiosas o sociales. Y también en torno de cosas más triviales, aunque no menos trascendentes en cualquier organización familiar.Si nos detenemos sólo en lo que dicen los números, vemos que en la última década la matrícula en las escuelas privadas creció el 10 por ciento, mientras que en las estatales sólo se incrementó el 1,1 por ciento.Los alumnos migraron de las públicas primarias a otras particulares (la matrícula en las primeras cayó el 9,5 por ciento en 10 años), aunque en el secundario, en general, las estatales también sumaron más alumnos. En este último caso, las urbanas privadas crecieron más que las públicas, mientras que en las rurales ocurrió a la inversa. Así, hoy el sector privado atiende el 32 por ciento de la matrícula en la provincia, dos puntos porcentuales más que 10 años atrás. Y en el secundario, cuatro de cada 10 pagan por asistir a la escuela. La demanda crece a pesar de que, en general, los privados no ampliaron sus instalaciones ni abrieron divisiones al ritmo de lo que la sociedad se supone que está exigiendo, y no lo harán mientras el Estado continúe restringiendo casi a cero los nuevos aportes o subsidios. Al margen de las ventajas que argumenten las familias de clase media a favor de los colegios privados, y a sabiendas de la injusticia de las generalizaciones, no hay razones contundentes que acrediten que todos los chicos de estas instituciones aprenden más ni que dispongan de mejores recursos que quienes asisten a colegios públicos.En este contexto, sería válido reflexionar cuánto influyen las representaciones sociales –a veces extemporáneas y simplistas– que persisten sobre las escuelas estatales, y que sólo las vinculan a condiciones desventajosas de escolarización y a la pobreza.

