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Más consecuencias negativas que positivas

Desde la salud, es difícil defender la penalización del consumo.

04 de junio de 2012 a las 12:33 a. m.
Leandro Dionisio- Darío Gigena Parker, Presidente y secretario de la Asociación de Psiquiatras de Córdoba
Más consecuencias negativas que positivas

Creemos que una posición antagónica o dicotómica respecto de este tema distorsiona la compleja realidad que el consumo abusivo de drogas en general (legales o ilegales) significa para la humanidad. Por un lado, desde la salud, es difícil defender la penalización del consumo (ver Drogas: acuerdo para despenalizar el consumo).

El sujeto que consume ocasionalmente marihuana de modo recreacional después de la edad en la que el cerebro ha madurado lo suficiente para no ser interferido (a los 24 años aproximadamente) podríamos decir que puede ejercer un nivel aceptable de libre albedrío.

Para las neu­rociencias, este concepto de libre albedrío sólo se puede dar con la integridad de un conjunto de funciones frontales cerebrales, las cuales no serían seriamente afectadas por el consumo recreacional de marihuana. Pero tampoco las afecta de modo significativo el consumo moderado de alcohol o nicotina.Esto no significa que el mundo esté trabajando incesantemente para reducir la enorme morbimortalidad de las llamadas enfermedades no transmisibles en el mundo, altamente relacionadas con estas prácticas, incluyendo el consumo de marihuana. Es cierto que no sirvieron ni la persecución ni el prohibicionismo para desalentar el consumo en las poblaciones vulnerables, pero creemos que tampoco sirve difundir la legalización o promover la despenalización sin el énfasis de que es una práctica riesgosa para la salud. Esto no aparece en los argumentos, más bien todo lo contrario: se muestra como una promoción a la to­lerancia social de esta práctica.

Una consecuencia evidente es que existe un mayor consumo en poblaciones vulnerables (jóvenes, personas con enfermedades mentales latentes, problemas de aprendizaje o de conducta), lo que trae aparejado una serie de problemas de salud. Lamentablemente, nos recuerda las publicidades de cigarrillos que buscaban asociar el consumo con la libertad, el deporte, la vida en la naturaleza, la sofisticación y la salud (las imágenes de médicos recomendando fumar es el absurdo más grande que vivieron las sociedades de esa época).Hoy asociar el consumo de marihuana con rebeldía, derechos cívicos, democracia, derechos humanos, libertad, militancia, revolución es tan desatinado como entonces en las publicidades del tabaco, lo que nos obliga a pensar una vez más en que no debemos subestimar que el consumo es una práctica con más consecuencias negativas que positivas.