Marketing personal
"Si no me alabo yo, ¿quién lo va a hacer?", una frase que aparece cada tanto y que muestra, sin dudas, cierta inseguridad personal. Juan Carlos Carranza.
El marketing personal, no entendido en el sentido de "venderse a uno mismo", conocer el "producto" y mostrarlo a los demás en su mejor cara, o como dicen los manuales de la materia, de resaltar nuestros puntos fuertes cuando vamos a una entrevista de trabajo. Nada de eso. El marketing personal al que nos referimos es el de la vida cotidiana.Siempre existirá la necesidad en las personas de autorreferenciarse, y está bien hasta ciertos límites. Pero superadas esas barreras, desafortunadamente habrá personas que dirán haber tenido mejores experiencias que las que les acabamos de narrar. Ya sea en un viaje, en la compra de un vehículo o de una prenda de ropa. En ese punto, se producirá la competencia estúpida sobre quién compró más barato. Y lo más probable, en realidad, es que en esa disputa ambos hayan sido víctimas de espantosas transacciones, sólo que jamás lo admitirán.Lo mismo ocurre si alguien tiene un título o alguna competencia académica (que es su orgullo), no podrá librarse de aquél que diga ostentar uno mejor. Con esos tipos será imposible empardar, nunca nuestros logros, habilidades o simples historias serán equivalentes, porque son como las antenas telescópicas de una radio: a medida que uno agrega algún puntito a su favor, inmediatamente despliegan otro tramo que nos deja atrás. Alabanzas. "Si no me alabo yo, ¿quién lo va hacer?", una frase que aparece cada tanto y que muestra sin dudas cierta inseguridad personal. El riesgo es, como dice el poeta inglés Jhon Milton,: "El que se alaba a sí mismo siempre encuentra quien se ría de él, lo cual no es cómico sino trágico". "Cuánto drama tienen aquellos a quienes les resulta imposible reírse de sí mismos. Y se trata simplemente de admitir que somos seres falibles, vulnerables, propensos a caer en trampas, víctimas del desamor, presas de nuestro propio ego, niños vestidos de adultos, en definitiva", sostiene Cacho Yerom, el asesor estrella de esta columna, a quien parece que la medicación está encarrilando sus reflexiones. Finalmente, cuando una persona hace algo bueno sin que nadie la esté mirando, o mejor aún, cuando alguien hace cosas buenas sin importarle el reconocimiento, eso se llama integridad. Y ese el marketing personal en el que estamos pensando.

