Los inundados regresan a viviendas en ruinas
Muchos viven en villas. Perdieron casi todo. Hay situaciones de vulnerabilidad extrema. 44 evacuados. Provincia y municipio prometen ayuda material.
De las 130 personas que el domingo a la noche debieron ser evacuadas de barrio Mafekin, Villa El Milagro, José Ignacio Díaz Cuarta Sección y Villa El Chaparral (Richardson), 44 aún siguen en el Polideportivo General Paz. Son todas de este último asentamiento, ubicado entre la avenida Vélez Sársfield y el arroyo La Cañada, a la altura de la Plaza de las Américas. Convivieron en el lugar dispuesto por la Municipalidad durante tres días. Debieron dejar todas sus pertenencias. El agua arrasó sus viviendas y en algunos casos estuvieron en riesgo físico, sea por el torrente, por el peligro de desmoronamiento o por la electricidad. "Nos vinimos con la ropa puesta y mojada", se limita a decir Juan Carlos, rodeado de varios vecinos. Él habla poco. Su historia la cuentan los demás. Ya no tiene casa. Vivía cañadón abajo, muy cerca de un caño de desagüe de dos metros de diámetro colocado en la villa El Chaparral. Ese tubo recolecta parte del agua de las bocas de tormenta de los barrios del sur de la ciudad. El domingo por la tarde, cuando la lluvia por fin había parado un momento, escuchó un estruendo, se puso de pie y vio su puerta abrirse violentamente. Miles de litros de agua entraron en cuestión de segundos. Lo único que pudo hacer fue levantar a su hija Sofia, de 12 años, de su cama ortopédica. La niña tiene motricidad reducida y padece una parálisis cerebral. Como pudo, salió cargándola en sus hombros. Subió lo más rápido que pudo el terraplén y logró salvarla. Luego, se fue con su mujer Rosana al Polideportivo. Daniela Sacchi, la directora de Emergencia municipal, llama por su nombre a cada uno de los refugiados. Ellos también la respetan. Y mientras coordina la vuelta a casa –de los que tienen algo–, cuenta que esa niña es la luz en los ojos de ese padre silencioso, que cuida de ella y le da de comer en brazos. Su madre, más locuaz, pide ayuda porque necesita una cama ortopédica, nebulizador y pañales de niño XXG.Todos los que están allí sufrieron severas pérdidas. Pero cuando se les pregunta por separado y también en grupo cómo fue la atención recibida, afirman que estuvieron bien. El comité de emergencias municipal trabajó desde las distintas áreas. Se asistió en cuanto a alimentación, medidas de higiene y diagnósticos médicos a los casos que lo requerían.
Subcero
No es empezar de cero. Es más difícil que eso. Joel (21) y las tocayas Lourdes (ambas de 16) son los últimos en volver a villa El Milagro, en la zona sur de la ciudad. Suben atrás en la Trafic municipal que maneja Oscar, quien además ayuda a acomodar unos colchones y unos
kits
alimentarios.
Llegan a destino. Se bajan, ellos mismos cargan las cosas y atraviesan un campo con yuyos enormes. Bajan una pendiente de 100 metros. Los esperan las otras 15 personas que viven en la misma casa, al lado del canal que rebasó. Son integrantes de tres familias. Los chicos están descalzos, uno lo hace entre la basura. Tiene cortado el pie.
Todo está mojado, sucio, destruido. No hay agua potable. Ni piso de material, ni nada que remita a un barrio. Pero sonríen. Están en casa.

