Los 20 años de Lidia con el “corredor de la muerte”
Su hijo, Víctor Saldaño, es el único argentino en esta situación. Ella dice que ya pagó por su crimen. Cancillería apoya su reclamo.
Cada vez que Lidia Guerrero visita a su hijo en el "corredor de la muerte" siente que le insufla una bocanada de oxígeno en un ambiente en el que sólo se respira encierro y venganza. En unos pocos meses, Víctor Hugo Saldaño cumplirá 20 años en una de las más inhumanas reclusiones que haya pergeñado el hombre, en Texas, Estados Unidos, donde viene esquivando la inyección letal, paradójicamente, gracias a los vicios jurídicos del fallo que lo condenó a muerte. Es el único argentino (y cordobés) en esta situación. Saldaño fue el responsable de la muerte de Paul Ray King el 25 de noviembre de 1995. Ese día, junto con un amigo mejicano, Jorge Chávez, encañonaron a la víctima en el estacionamiento de un centro comercial de la ciudad de Plano (norte de Dallas) y lo llevaron en su propio auto hasta una zona boscosa. Según el relato del Saldaño, King se le tiró encima para quitarle el arma y en el forcejeo se produjeron los disparos fatales. Bajo los efectos del alcohol y las drogas, Saldaño y su cómplice, dos bandidos de poca monta, fueron rápidamente atrapados por la Policía cuando volvían caminando del lugar de los hechos. En su poder llevaban las pertenencias de King (un vendedor de computadoras, separado y con dos hijos): un reloj y 50 dólares. Ocho meses después, un jurado popular en el condado de Collins lo condenó a muerte.

Clic en la imagen para ver el gráfico completo. Tan flagrante fue el crimen como burdo el fundamento de la sentencia. El jurado basó su decisión en el testimonio del perito psiquiatra filipino Walter Quijano, quien dijo que estadísticamente las cárceles estaban pobladas mayormente por hispanos y negros. El tribunal popular quiso leer "entre líneas" estas cifras para justificar que Saldaño era más peligroso para la sociedad y debía morir.La apelación llegó a la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, la que en 1999 admitió que el fallo estaba viciado de racismo y ordenó a Texas realizar un nuevo juicio. Sin embargo, esto no iba a cambiar las cosas, porque el mismo tribunal condenó por segunda vez al cordobés a morir con la inyección letal.Desde entonces, los abogados de Saldaño y la Cancillería argentina (a través del Consulado en Houston) no dejaron nunca de apelar y su situación hoy podría decirse que está en un "limbo". Hay dos pedidos de habeas corpus (sin resolución aún) por el deterioro mental que sufre Saldaño y en el medio están las gestiones realizadas ante el Papa y el presidente Barack Obama.Además, el abogado cordobés Juan Carlos Vega lleva adelante una causa en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) de la OEA, en la que se exige que Estados Unidos sea condenado por su responsabilidad en las violaciones del proceso judicial en contra de Saldaño y por esta razón este sea sacado del "corredor de la muerte". La convicción de Lidia Después de 20 años, Lidia cree que su hijo ya pagó por lo que hizo y debería salir en libertad. "A esta altura, después de dos juicios nulos y 20 años en el 'corredor de la muerte', creo que mi hijo ya pagó por lo que hizo y debería estar libre. Pero no es lo que a mí me parece, lo que digo está fundado en que la Corte Suprema de Estados Unidos dijo que Saldaño debería tener un nuevo juicio o quedar libre. Y tuvo otro juicio que también fue nulo porque no estaba en sus cabales", dice Lidia, en su departamento de barrio SEP. Sabe que no es fácil que se cumpla lo que piensa, pero eso no le quita las esperanzas. "Como madre, íntimamente aspiro a tenerlo en Córdoba nuevamente, aunque sea internado. Eso es lo que yo le pido a Dios, para que esté cerca de su familia". La última visita a su hijo fue en noviembre del año pasado. ¿Con qué se encontró? "Con una persona muy dopada. Víctor me dice que duerme todo el día. Los medicamentos que le dan le producen somnolencia. Por eso, tal vez, se lo vea más tranquilo. Antes había querido matarse y ahora es como si estuviera más resignado. Cada año que pasa se me hace más difícil verlo. Él se alegra de vernos, pero cuando yo lo dejo es peor, le agarra desesperación...", cuenta Lidia, y se quiebra. La madre de Saldaño relata las hostilidades que se producen cada vez que visita la cárcel Allan Polunsky, en Livingstone. "Dependen del comisario de la prisión los días que nos dejan ver a Víctor. La última vez no nos quería dar más de dos días. Por pedido del Consulado, pudimos visitarlo cuatro días. A veces eran días de dos horas, otros de cuatro horas. A veces hemos tenido que esperar hasta una hora hasta que lo traen. Pienso que hay cosas que hacen a propósito. Ya pasó en visitas de otros años. Una vez llevábamos tres horas con él y Víctor nos pidió que les dijésemos a los guardias que necesitaba ir al baño. Nosotros les avisamos, él les hacía señas, pero nada. Pasó que se orinó encima. Es terrible para una madre ver que a un hijo le pase eso. Víctor me contó que en la última visita, después de que me fui, lo dejaron en el cubículo como una hora. Y se defecó encima. Es parte del sistema, una crueldad, una tortura". "Muertos vivientes" Durante una de sus visitas, Lidia escuchó que algo decían por los altoparlantes de la cárcel. "Víctor me tradujo: 'Escuchen, muertos vivos, estamos ejecutando a...'. ¿Usted sabe lo que es eso, que les digan muertos en vida? Esas son algunas de las cosas por las que el estado mental de mi hijo está destruido. Yo no sé cómo resiste, en tres oportunidades pidió que lo ejecutaran", señala. Al final del último encuentro, cuando estaban despidiéndose, Saldaño le dijo a su madre: "Yo estoy vivo gracias a vos". Lidia le dio un beso a través del vidrio y él se quedó mirándola con una tristeza que a ella le pareció infinita.
Diálogo con Malcorra
Llamada. Días antes de la llegada del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al país, Lidia Guerrero mantuvo una charla telefónica con la titular de Cancillería, Susana Malcorra. Guerrero le había escrito a la Embajada estadounidense.
Impresión. "Hablamos bastante. Ella me felicitó porque yo había podido separar las cosas, la culpabilidad de mi hijo y las condiciones de encierro y los vicios del proceso judicial. Yo también la felicité por su trayectoria y le deseé éxitos en su gestión", contó.
Respuesta. "La canciller me dijo que no dudara de que vamos a tener el apoyo del Gobierno argentino", expresó.

