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"Les voy a dar calor"

"!Pasá, que no te voy hacer nada!", una de las más grandes y arteras mentiras de los padres a los hijos. Juan Carlos Carranza.

10 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
"Les voy a dar calor"

Si tuviéramos que definirlo, el reproche nace de una expectativa no satisfecha, de una respuesta a una frustración. Lo curioso es que, a lo largo del tiempo se repiten ciertas fórmulas a la hora de reconvenir o echar en cara un asunto. Desde la madre que reprendió al niño porque al jugar con una pelota le rompió las plantas o el regaño de la esposa al marido que volvió a la madrugada beodo.

En muchos casos, esos reproches suelen ser un combo de reprimenda verbal y castigo físico.

Un clásico: "!Pasá, que no te voy hacer nada!", una de las más grandes y arteras mentiras de los padres a los hijos.

Los chicos saben que el "… no te voy hacer nada!", es la triquiñuela con la que una mamá o un papá prepara el "ojotazo aleccionador".

También está el correctivo que viene reforzado con la repetición de la excusa que agónicamente da el supuesto infractor, antes de la sentencia. Así, cuando algún niño olvidó hacer la tarea por ver un importante-partido-del-club-preferido, la mamá dirá "!Te voy a dar partido…!". Se ve que el sujeto del regaño necesita apoyarse en el motivo que originó la falta, como una forma de hacerla más evidente.

En la región de Traslasierra se cuenta la anécdota de dos jóvenes amigos que descansaban en la gramilla, a la orilla de un río, cuando de pronto divisaron la figura de un gaucho a caballo, que venía por un sendero. Entonces, a los muchachos se les ocurrió hacerle una broma, fingiendo ser amantes. Los chicos empezaron a rodar por la hierba, abrazados y simulando darse besos apasionados. Cuando el hombre, gesto adusto y ceño fruncido, llegó hasta ellos, los jóvenes se separaron, acomodaron sus ropas y para fingir sorpresa exclamaron: "!Qué calor, Don! ¿no?". "!Les voy a dar calor mocosos de m…", fue la sonora respuesta acompañada de fustazos que obligaron a los chicos a salir a la carrera.

El viejo chiste del marido que llega borracho a la casa y lo recibe el hijo es otro ejemplo de lo mismo: "!Papá, qué linda curda!", "Pará hijo, que tu madre algún defecto le va a encontrar".

Nuestras reprimendas están hechas de eso, de reafirmaciones ("!Les voy a dar calor!", de falsas promesas ("!Pasá que no te voy hacer nada!"!), que en definitiva son las respuestas a las múltiples excusas para poder zafar de un acto de justicia doméstica.