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Las compras que no nos hacen felices

En nuestra cultura capitalista, a la felicidad se la busca en el consumo. Soy feliz mientras pueda comprar. Juan Carlos Carranza.

04 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Las compras que no nos hacen felices

Las grandes compras, después de una larga decisión o muchos años de ahorro, no suelen tener la gratificación que tal hecho se merece.

A diferencia de cualquier electrodoméstico, hay bienes que es imposible poseer inmediatamente después de haber pagado todo su importe. No es como con un televisor de 50 pulgadas, por ejemplo, que a lo sumo bastará con dejar el baúl abierto del auto para llevarlo del negocio hasta nuestro living.

El problema de la relación pago-entrega sucede muy a menudo en la compra de vehículos cero kilómetro. Incluso, hasta la posesión de una casa resulta más fácil que hacerse con un vehículo nuevo.

Hay numerosos foros de usuarios en Internet que se quejan por las complicaciones que se producen a la hora de sacar un auto 0 km de la concesionaria. En las oficinas de Defensa al Consumidor, éste es también uno de los habituales reclamos.

La relación entre el concesionario y el cliente suele ser el punto débil en la cadena de comercialización de un vehículo. Aunque la demora en el tiempo de entrega de las unidades no es culpa de las firmas que venden los autos: hay situaciones “logísticas”, la Aduana, más las políticas coyunturales de los gobiernos de turno que conspiran para que el ansiado cero kilómetro llegue a las manos de quien pagó por él.

“Debe ser el único bien por el que hay que esperar dos meses para tenerlo, aun cuando lo hayas pagado al contado. No existe la posibilidad de llevar toda la plata y volverse a casa con el auto, no señor”, se lamenta Cacho Yerom, el asesor permanente de esta columna.

En tal sentido, las entidades que agrupan a los concesionarios de todo el país aseguran que están teniendo un incumplimiento de un 40 por ciento en los tiempos de entrega, por causas ajenas a su responsabilidad.

Accesorios. Algo que no entra en la lógica de los clientes que van a comprar un cero kilómetro son los gastos "extra", que se incluyen en los rubros tales como "flete" o "gastos de preentrega".

El concesionario no se hace cargo del importe del traslado de un vehículo desde la fábrica hasta el punto de venta. Y también traslada al bolsillo del cliente el costo de alistar el vehículo, que va desde su limpieza hasta un diagnóstico mecánico.

En cambio, para el cliente, pagar por algo que se denomina “preentrega” es incomprensible. “¿Qué revisión mecánica necesita un automóvil que sale ya testeado de fábrica?”, “¿Por qué sale tan caro un lavado?” son preguntas que aparecen en los foros de Internet.

“¿Qué es la preentrega? 
–se pregunta Yerom–. Es como si desde el concesionario me dijeran: ‘Dame cinco mil pesos y te voy dando las ruedas del auto’. Si uno paga al contado para que le entreguen el vehículo, ¿por qué hay que pagar la preentrega?”.