La novela nacional necesita guionistas
Buenos Aires se da el gusto de nacionalizar todo lo que toca, una realidad que venimos arrastrando desde Pavón 1861, la batalla que consolidó la hegemonía porteña. Rosa Bertino.
Si algo tuvo de bueno la elección porteña, es que introdujo una variante inesperada en un libreto que se estaba volviendo tedioso. El primer sorprendido fue el propio Mauricio Macri, quien jamás imaginó que su mediocre gestión le depararía tantos votos. Más de un candidato estará pensando en afeitarse el bigote, volver a casarse y embarazarse o apelar a las lentes de contacto para hacerse de un par de ojitos celestes.Desagradable sorpresa se deben haber llevado algunos encuestadores al descubrir que la gente ya no dice por quién va a votar. Y menos a los que andan por la calle con una planillita o llaman desde un call center . Van a tener que trabajar con más seriedad. De hecho, los que lo hicieron, acertaron bastante.En cambio, agradable sorpresa se llevó el electorado al descubrir que los números que largan por ahí no logran torcer voluntades. Hasta Rosa Luxemburgo suscribía aquello de "preferible equivocarse con la mayoría que acertar con la minoría". Pero eran otros tiempos. Hoy, la democracia tiene que garantizar todas las voces. De Pavón a la fecha. Aunque este capítulo le dio un poco de aire, la política dejó de ser pasión de multitudes. De acuerdo con el ranking del diario La Nación , las notas más comentadas tuvieron que ver con el video de un fanático de River ("el Tano" Pasman) y el ataque que le produjo la derrota de su club frente a Belgrano de Córdoba; con la absolución de Lucila Frend, acusada del asesinato de su mejor amiga, y con la carta abierta del músico Fito Páez. El resultado electoral le dio arcadas al rosarino afincado en la Gran Ciudad, para quien la mitad de los porteños "son un asco". Este sentimiento fue compartido por muchos y execrado por otros. Así estamos.Qué manía la nuestra, de ser Unos y Otros. Encima, Buenos Aires se da el gusto de nacionalizar todo lo que toca, una realidad que venimos arrastrando desde Pavón (1861), la batalla que consolidó la hegemonía porteña. Atrasos y avances. "Hasta que volvamos a amarnos", sería el título de la gran novela argentina. Para escribirla, hacen falta un par de buenos guionistas y, si fuera posible, algún cambio en los roles protagónicos. Pero está todo tan verde… Mientras tanto, aprovechemos los coletazos de la época preeleccionaria. Por un lado, el destape de negocios que involucran a ciudadanos o cuestiones "por encima de toda sospecha". Si habremos dicho que esto iba a pasar... Que no había que manosear tanto el tema de los derechos humanos, la memoria y el pasado, si cuatro de cada 10 argentinos ya nacieron en el presente. Y el presente les da más náuseas que a Fito Páez. Por el lado positivo, están iniciativas como Tecnópolis, un parque temático que dicen que es formidable, una combinación de ciencia y técnica ideal para el niño de hoy y el adulto que lo acompaña. Anteayer lo inauguró la presidenta de la Nación y es una buena razón para hacerse un llegue a Capital Federal, hasta el 22 de agosto. Nuestros antepasados comprovincianos iban en carreta a enterarse de todo lo nuevo. Ahora, por lo menos hay ómnibus.

