La huella de Chiquitita
La humanidad le debe mucho a los suecos. Un ejemplo: las grandes ciudades y las rutas y autopistas que las conectan no serían tales si Alfred Nobel no hubiese inventado la dinamita y todas las variantes de explosivos.
La humanidad le debe mucho a los suecos. Para sólo citar un ejemplo, las grandes ciudades y las rutas y autopistas que las conectan no serían tales si el sueco Alfred Nobel no hubiese inventado la dinamita y todas las variantes de explosivos. En literatura, en tanto, confieso ser fanático de las novelas policiales que escriben los suecos Henning Mankel o Asa Larsson, y ni que hablar de la trilogía Millenium con la que Stieg Larsson llevó su legado póstumo a millones de personas. Pero todo el aporte realizado por Suecia en las ciencias y en las letras no alcanza, a mi criterio, para remediar el daño a los oídos ocasionado en todo el planeta por el también sueco grupo Abba; algo de lo que, sin embargo, no puedo quejarme porque, vengo hoy a confesarlo, estoy en parte involucrado. Les cuento. Fue a fines de la década de 1970. No sé qué términos utilizar: irrumpió, invadió, inundó, arrasó, copó… Todos eso junto... y me quedo corto. Eso fue lo que hizo el tema Chiquitita, de Abba, en Córdoba. Todos saben que el grupo tuvo muchos otros éxitos posteriores, pero ninguno como ese. Había radios que lo pasaban todo el día, como si hubiese sido el único disco que tenían. Es que ese tema musical debe haber generado el récord de pedidos. Las mujeres, desde las niñas más pequeñas hasta las abuelas, no se cansaban de escucharlo, en un fenómeno tan inexplicable como universal. "Es una canción para mujeres, porque les habla a ellas, les toca alguna fibra íntima, les afloja el corazón, les inunda el alma". Esa fue la explicación que le encontré. Y más al notar que, al escuchar Chiquitita, las chicas de mi barrio se ponían románticas, enamoradizas, cariñosas, mimosas…Al descubrir ese efecto tipo gualicho que tenía, grabé un casete de los dos lados con esa canción en mi radiograbador Ranser y organicé una americana en mi casa de barrio Los Granados. Las chicas, la comida; los chicos, la bebida; yo, la música, un clásico de nuestra barra. Vinieron todas: Roxana, Marisa, Cristina, Ana, Gabriela, Patricia, Leticia, Sandra, Andrea, "la Colo" y Claudia. Vinieron todos: Gonzalo, Julio, Carlitos, los dos Fernando, Walter, "el Colo", Vicente, Claudio, Alejandro y Gabriel. Bailamos toda la noche un solo tema, el mismo tema. Aunque sea difícil de creer, durante toda la velada sólo se escuchó la famosa canción de Abba. Había una parte de la canción que era la más efectiva; decía así: "Chiquitita dímelo tú, en mi hombro aquí llorando. Cuenta conmigo ya, para así seguir hablando…".En esa reunión, a pura gaseosa, papitas y palitos salados, se formaron muchas parejas y se fortalecieron las que ya estaban formadas. Algunas de ellas se convertirían en familias. El grupo sueco había dejado su impronta en este rincón del mundo, y yo había sido su cómplice.

