“La gente cuida el peso”
Lo dice el dueño de un maxiquiosco, según sus últimas experiencias.
Mario Toledo tiene mucha experiencia en el rubro maxiquioscos. Hace años que gerencia uno en la zona sur de Córdoba capital, donde se aprovisiona personal de un hospital y de reparticiones públicas aledañas.
Son personas con ingresos fijos, que se sientan a comer en el banco de una plaza, en una mesita en la vereda o en la propia oficina. Mario admite que “los lácteos se han encarecido mucho” y que la gente hoy tiene que optar entre el yogur, el postrecito o la feta de queso.
“Hace meses que la clientela regular cuida mucho la plata… cinco pesos hacen la diferencia para ellos”, ilustra el quiosquero. Antes vendía mucha tarta de jamón y queso, de atún o verduras y también muchos sándwiches ya preparados. “Ahora vienen y me piden el pan y el fiambre, lo eligen según el precio y se arman solos el pebete”, añade el vendedor.
Cada tanto, “entra algún ‘gringo sojero’”, dice Mario, en alusión a característicos habitantes del interior provincial.
En realidad, Mario ignora a qué se dedica el ocasional cliente. Pero sabe que probablemente tenga un pariente internado o vino a realizar trámites en algún ministerio. “Esos compran como siempre, te piden un termo, yerba de la mejor, una botella de lo que sea, masitas, gaseosas y yogures… Preguntan cuánto es y pagan”, concluye Toledo.
El comentario es casual, pero coincide con datos de la encuesta del Instituto de Estadística del Defensor del Pueblo de la Provincia: sólo la franja con ingresos superiores a 20 mil pesos mensuales no ha modificado sus hábitos de consumo y alimentación.
En el rubro panadería, tanto en almacenes como en supermercados ha disminuido la venta de todo lo que sea light.
Las galletitas y panes integrales tienen un precio excesivo para el presupuesto de un oficinista. En cambio, las facturas y golosinas se mantienen en precios estables. “Es más atractivo engañar al estómago con un alfajor que con una mandarina”, dicen los quiosqueros.

