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La cara siniestra de una proteína clave contra el cáncer

Un cordobés descubrió cómo una sustancia que se pensaba antitumoral, en realidad prepara a las células para sobrevivir a la metástasis y la quimioterapia. Fernando López Díaz investiga en el Instituto Salk, de EE.UU.

23 de mayo de 2013 a las 03:36 p. m.
Lucas Viano
La cara siniestra de una proteína clave contra el cáncer
CORDOBÉS. Fernando López Díaz se recibió en la UNC y luego emigró al Instituto Salk, en California.

Sorpresa causó en la comunidad científica descubrir la cara siniestra de la proteína conocida como factor de crecimiento transformante beta (TGF-beta). Un cordobés fue el que rompió con este dogma de las investigaciones en cáncer.

Ese dogma indicaba que esta sustancia era antitumoral. Pero el trabajo de Fernando López Díaz indica que la TGF-beta también ayuda a que las células precancerosas sobrevivan, tanto al despiadado crecimiento que implica el desarrollo del cáncer y a la metástasis, como a un tratamiento de quimioterapia.

A su vez, la proteína actúa cuando el cáncer aún no se ha desarrollado, por lo que sería un blanco terapéutico para prevenir el desarrollo de la enfermedad y diagnosticarla antes de que se desarrolle.

“Nuestro trabajo sugiere que podría ser posible detener el desarrollo del cáncer cuando las células aún son premalignas, es decir, que todavía no hay cáncer”, dice López Díaz.

Es el investigador líder de este trabajo realizado en el Instituto Salk, en California (EE.UU.) y que se publica hoy en la revista Molecular Cell.

Aportes. "Este estudio ofrece dos importantes conocimientos sobre el desarrollo del cáncer temprano y una nueva dirección para explorar un tratamiento", dice Beverly Emerson, jefa del laboratorio donde trabaja el cordobés. Y agrega: "Sería fantástico si un solo agente pudiera detener el cáncer avanzado y el que todavía no se ha desarrollado".

También podría utilizarse para predecir si células precancerosas finalmente se transformarán en un cáncer. “No todas las células premalignas se transforman en cáncer. Muchas se autodestruyen debido a los mecanismos de protección celular. Pero algunas se convierten en tumores. Hasta el momento no hay manera de predecir eso”, explica Emerson.

López Díaz asegura que todavía hay mucho trabajo por hacer. “Queremos entender las señales que convierten a la proteína TGF-beta en maligna”, dice.

Y agrega: “Si podemos inhibir estas señales y obligar a las células dañadas a que mueran, podemos ofrecer otra posibilidad de tratamiento, junto a los inhibidores de TGF-beta que ya se están probando”.

Regresar. López Díaz estudió Bioquímica en la Universidad Nacional de Córdoba. Desarrolló sus primeras investigaciones en el Centro de Investigaciones en Bioquímica Clínica e Inmunología (Cibici) bajo la dirección de José Luis Bocco. Luego emigró a EE.UU. y se radicó en el Instituto Salk, cuna de 11 premios Nobel y uno de los centros líderes en estudios sobre biomedicina y neurociencia.

“Quiero volver a Argentina, pero no depende solo de mi deseo. En realidad el dilema de los que nos vamos a perfeccionarnos en estos centros tan competitivos es que los proyectos son mucho más ambiciosos, riesgosos y llevan demasiado tiempo. En ese tiempo muchos pierden el entusiasmo por regresar”, confiesa.