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“Hay que actuar ya porque la situación del Ébola puede desbordarse”

La cordobesa Claudia Ermeninto trabaja en Médicos Sin Fronteras. Estuvo en un brote de Ébola en 2012. Cuenta cómo trabaja la ONG para contener esta grave enfermedad.

21 de agosto de 2014 a las 12:01 a. m.
“Hay que actuar ya porque la situación del Ébola puede desbordarse”
Claudia Ermeninto. Trabaja en Médicos Sin Fronteras. Estuvo en la epidemia del Congo en 2012 (La Voz / Sergio Cejas).

Sin llanto pero con angustia, la cordobesa Claudia Ermeninto, con más de 20 años de trabajo en Médicos Sin Fronteras (MSF), recuerda sus días como coordinadora de una misión para contener un brote de Ébola en República Democrática del Congo en 2012. "Tuvimos 318 casos y 280 muertos. El alerta se dio en agosto y finalizó en noviembre. En el tiempo que estuve, sólo zafaron tres personas", cuenta y enseguida recuerda a papá Musa, uno de los sobrevivientes que luego se convirtió en un referente local.El trabajo de MSF es clave para contener el nuevo brote que infectó a Guinea, Liberia, Nigeria y Sierra Leona. Ya se han confirmado 2.473 casos y 1.350 muertos."Necesitamos actuar ya porque la situación puede desbordarse. MSF ya ha llegado al límite de sus posibilidades. Pusimos todos los recursos. Necesitamos acción y apoyo de otras organizaciones, en especial, de la Organización Mundial de la Salud", asegura.Y agrega: "Estoy en una situación personal complicada, sino hubiese ido a colaborar en este brote".

[video: http://youtu.be/knuoCjiyA6g]Claudia asegura que hay diferencias con el brote en el que estuvo ella. "En 2012 estaba muy circunscripto a una zona que estaba en guerra. Ahora el brote está más extendido en cantidad de pacientes y a nivel geográfico. Si hay más casos, hay que controlar a más personas que estuvieron en contacto con los pacientes infectados, de allí a que se requieran más recursos y más tiempo", explica.Y luego advierte que el trabajo de MSF en el campo está condicionado por la frágil infraestructura sanitaria de estos países. "Hay que pensar que se trabaja en zonas rurales muy dispersas. Casi nunca hay vías de comunicación y a veces ni siquiera hay guantes para hacer un parto", detalla. Cómo trabajan A partir de los síntomas (fiebre alta, dolores musculares y articulares), el personal de MSF o referentes locales detectan casos sospechosos. La primera medida es realizarle un análisis para confirmar si es ébola. Si el caso es positivo, ingresa a la unidad de MSF y se empieza a reconstruir una red de contagio de ese paciente desde el momento cero, cuándo se infectó."En una pared teníamos una red de contactos. Habíamos vinculado 800 personas. A todas ellas le hacemos un seguimiento y le controlamos los síntomas. Si aparecen, tenemos otro caso sospechoso. Y armamos una nueva red", explica.Los casos confirmados reciben aislación, que en los primeros brotes era total. "Aprendimos que eso generaba un rechazo en la comunidad. Al principio la gente nos tiraba piedras y nos tenía pánico. Pensaban que le robábamos la sangre y que traficábamos órganos", recuerda.Otra pieza clave es la tarea de capacitación al personal sanitario local. "Para ellos es una enfermedad nueva y requiere muchas acciones de bioseguridad", dice.Entre estas medidas, además del traje con casco, también usan triple guante y son rociados con cloro. "También se clora a la gente que sale y entra. Terminamos con toda la ropa desteñida por el cloro. Olemos a pileta", dice.Claudia describe que los pocos pacientes que se recuperan, primero pasan a una especie de patio, en el que pueden hablar con sus familiares desde lejos."Ese reencuentro es súper emotivo. Los nombres de las personas que sobreviven te marcan para siempre. Los vamos contando. En el tiempo que trabajé yo, sólo sobrevivieron tres. Uno fue papá Musa", recuerda y agrega: "Lo llevamos a las misas y a los mercados para que cuente su experiencia". Mucha fibra "El personal de MSF que trabaja en un brote de ébola es el que tiene más experiencia. Eso nos da la fibra para resistir. En MSF creemos en la relación médico-paciente y en la medicina humanitaria, por eso generamos vínculos con las personas enfermas", asegura Claudia. Y agrega: "Yo soy muy de besar y abrazar. Apenas llegué a la zona del brote, me advirtieron que eso acá no iba. Me generaba mucha tensión, porque no podía saludar con un beso". Fin del brote Claudia explica que el brote termina 42 días después de detectar el último caso confirmado. Se cuentan 21 días desde ese caso y se controlan todos los contactos que tuvo esta persona. Sin ninguno de ellos desarrolla la enfermedad, se cuentan 21 días más y recién allí se dice que finalizó el brote. Sobre si la enfermedad puede salir de África, Claudia asegura que no será la primera vez que un "extranjero" contraiga Ébola. "Pero no hay que crear pánico. Hay posibilidades de que llegue por un caso importado que viaje a los países afectados, pero la infraestructura y los recaudos que hay ahora en el mundo impedirían que se expanda", explica.