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Hay algo peor que no saber: creer que se sabe

Esta brecha entre cómo se ven y cuáles son sus resultados inquieta: ¿Cómo se hace para enfrentar un problema que no se percibe como tal? Escuela aburrida y alumnos muy confiados

30 de mayo de 2017 a las 12:01 a. m.
Hay algo peor que no saber: creer que se sabe

Peor que no saber es creer que se sabe. Y eso nos está pasando en las escuelas cordobesas, según surge de un cruce de datos de los resultados del operativo Aprender, la evaluación realizada durante 2016 en casi 31 mil colegios argentinos.

Además de medir el desempeño en Matemática, Lenguas, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales, la evaluación indagó sobre cómo se perciben los estudiantes a sí mismos. Y eso, contrastado luego con el resultado real, marca la brecha que nos motivó a tomar este tema para nuestro Primer plano.

Por citar algunos datos sobre los que se detiene nuestro informe: el 22 por ciento de los alumnos de 
5° y 6° año de las escuelas secundarias cordobesas cree que tiene un conocimiento alto en Matemática, pero sólo el siete por ciento tiene un nivel avanzado en esta materia. En Lenguas, el 21,8 por ciento cree que sus conocimientos son altos, pero sólo el 13 por ciento se destacó. Y cuando se pregunta sobre el nivel de las evaluaciones, el 55,5 por ciento dijo que la de Matemática fue fácil o muy fácil, pero un porcentaje muy parecido obtuvo bajos resultados. Y en Lenguas, los que vieron fácil el cuestionario fueron todavía más: el 74,3 por ciento, con resultados mediocres, también.

¿Cómo se hace para enfrentar un problema que no se percibe como tal? Dicho de otra manera: ¿cómo ponerse a trabajar en un plan de acciones, una estrategia, incluso una política, si se considera que no existe eso mismo que debería llamar a la reflexión y a la acción?

Los estudiantes, a su vez, cuentan cómo ven la escuela, y el grueso asegura que casi siempre se aburre, un tercio que tiene dificultades para seguir las clases con atención y otro porcentaje similar que no puede tomar notas.

Si les preguntáramos a los docentes y a las autoridades escolares cómo perciben que son sus clases, ¿obtendríamos una respuesta semejante? ¿O tendríamos otro caso de mentirnos, antes que a ningún otro, a nosotros mismos?