Expectativas paternas
Aunque el consejo es amar a los hijos incondicionalmente y respetarles sus elecciones, queremos que hagan lo que nosotros elegimos. Juan Carlos Carranza.
Cuando nuestro bebé comienza a dar sus primeros pasos y le pega a la pelota con la zurda (o la derecha, no importa cuál), de inmediato los papás imaginamos estadios llenos aclamando a nuestro hijo jugando para la banda roja (o la azul y oro, como se prefiera). ¡Qué manera de despertar expectativas que tienen nuestros hijos! Si son niñas, igual proyectamos su futuro, en el que las vemos compitiendo (y ganando) en el concurso Miss Universo. No por una cuestión machista, sino porque, simplemente, son "la cosa más bella" que existe en el mundo. También nos imaginamos corriendo a sus novios a balinazos.Tal es la enceguecida visión que los padres tenemos sobre nuestros pequeños, que muchas veces queremos redimir en ellos nuestros propios fracasos y frustraciones. Esto también conlleva un gran riesgo: que no sepamos darnos cuenta de sus errores.Walter y Daniel, dos papás amigos, con hijos que la rompen en las inferiores de Talleres, cuando les planteo por separado qué pasaría si sus niños dejasen de jugar al fútbol, ambos me contestan lo mismo: "¡Me muero!" Espejo. Tu hijo, tu espejo , el libro de la psicóloga mejicana Martha Alicia Chávez, explora esto de exigirles a los hijos, aunque sea de manera inconsciente, que logren metas que los padres nunca pudieron alcanzar. "Sin embargo, lo esencial –insiste– es expresarles a los hijos que se les ama incondicionalmente y que se respeta el camino que escojan", aporta Chávez.Pero no siempre resulta así. Yendo al plano de las profesiones, muchos padres se empeñan para que sus hijos tengan la misma profesión que ellos. "Hijo, esta empresa algún día va a ser tuya, tenés que ser contador... Hijo... ¡Hijo! ¡¿Podés dejar esa guitarra y escuchar lo que te estoy diciendo?!".Sin embargo, hay muchos ejemplos de hijos que siguen el camino trazado por sus progenitores porque éstos son líderes positivos que propician su elección. Abundan los ejemplos de médicos, abogados, periodistas, futbolistas... En algunos casos, hasta resulta inevitable.Cacho Yerom, jefe de asesores de esta columna, siempre quiso ser consultor, pero la verdad es que nunca pensó que su trabajo iba a tener tan poca trascendencia. "Cuando me llamaron para asesorar en esta columna, lo primero que pensé fue: 'Esto es un quemo'. Pero tiempo después comprobé que... no estaba equivocado. Mis viejos siempre quisieron que fuera abogado", se lamentó Yerom.

