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"Estamos muy felices con la decisión que tomamos"

El matrimonio de Mariana y Pablo (los nombres son ficticios) siempre tuvo la idea de adoptar un niño.

03 de agosto de 2012 a las 12:01 a. m.
"Estamos muy felices con la decisión que tomamos"

El matrimonio de Mariana y Pablo (los nombres son ficticios) siempre tuvo la idea de adoptar un niño. No sucedió apenas se casaron: sus hijos biológicos ya tenían 23 y 21 años cuando vieron en un canal de televisión local una convocatoria similar a la que ahora hace el Poder Judicial. Fue hace cinco años, cuando se pedían interesados que quisieran adoptar a chicos que otras familias no podían o no estaban dispuestas a hacerlo. Lo hablaron entre ellos, lo charlaron con sus hijos y se decidieron. Se comunicaron al teléfono que habían anotado. A los dos meses, llegó el llamado del Poder Judicial. Tuvieron entrevistas, hablaron con psicólogos y, a los pocos días, llegó a su hogar de Ituzaingó Anexo el pequeño Octavio, con siete años de edad y casi toda la existencia vivida en institutos. Había tenido familias sustitutas pero no duraba "por la forma de ser rebelde que tenía", cuenta Pablo.El inicio costó. "La integración fue difícil. Nos apoyaban médicos y psicólogos. Hasta que la situación se fue normalizando de a poco. (Octavio) no estaba acostumbrado a tener hábitos, a respetar normas y las fue aprendiendo con nosotros. Y ya tenía una edad un poco difícil", dice Pablo. Octavio tenía problemas de conducta pero de a poco se fue adaptando a la nueva vida. Sus hermanos adoptivos lo integraron también a sus vidas. Aunque hoy, casados, y no viven en la casa familiar, a veces se lo llevan a su propio hogar para compartir un par de días juntos. "También se adaptó muy bien con toda la familia: con mis hermanos, mis cuñados. El inicio fue tirante, y es un gran compromiso. Pero todos nos dábamos consejo. Al comienzo te asaltan las dudas. ¿Podré? Hoy estamos muy felices con la decisión que tomamos", dice Pablo. Con él fue todo un volver a empezar. No sólo por las dificultades específicas que tenía Octavio, sino porque significó volver a tener un niño en casa, volver a la escuela, a hacer la tarea y todo lo que supone ser padre. Hoy Octavio está en sexto grado. Y tiene una gran familia que lo ama.