“Es muy doloroso visitar una respiración”
Andrea Borrás vivió con su padre una situación para la que, dice, ninguna persona está ni preparada ni informada.
Andrea Borrás vivió con su padre una situación para la que, dice, ninguna persona está ni preparada ni informada.
Hace un año, su padre, un hombre de 77 años con un alzheimer muy avanzado, sufrió una descompensación. Una ambulancia lo llevó al hospital, donde estuvo un mes entero en terapia intensiva. Hasta que murió. “Al comienzo te parece que está bien, pero después te das cuenta de que tu ser querido está sometido a una situación que no se relaciona con la vida”, cuenta Andrea. “Es muy doloroso visitar una respiración”, agrega.
Y asegura que el día a día de esa persona alojada en terapia intensiva es muy duro. “Dejás a los afectos que te dieron la vida en un lugar donde durante todo el día hay oscuridad, donde sólo podés verlos media hora por día”, dice.
Andrea no duda de que la intención de los profesionales de la salud sea buena. Pero no acuerda con algunas decisiones que en los hospitales y clínicas se toman automáticamente. “El hospital hace lo mejor que cree posible. Pero finalmente quedás enredado en una situación que, cuando se prolonga en el tiempo, no tiene sentido, y hasta sentís que la vida es un comercio”, cuenta con dolor.
Y agrega: “Mi papá pidió encarecidamente no vivir si no tenía conciencia, lo dijo siempre. Pero en la práctica, llegó la ambulancia, lo llevaron al hospital y cuando llegué, ya lo encontré enchufado”, recuerda.
Dos meses después de esa experiencia, la madre de Andrea tuvo que ser llevada al hospital tras sufrir un ACV (accidente cerebrovascular).
Pero Andrea ya había aprendido algunas cosas. Cuenta que, a partir de la experiencia con su padre, ella y sus hermanos solicitaron en la clínica que no sostuvieran la vida de su madre de manera artificial. Asegura que no fue fácil: una médica entendió el pedido, pero el resto de los profesionales presionó por la terapia intensiva. Finalmente, primó la voluntad de los hijos. “Es una decisión que se toma con mucho dolor, es difícil decir que no le pongan oxígeno”, recuerda.
“Finalmente, mi madre, a diferencia de mi padre, pudo estar en una habitación muy acompañada por todos nosotros, no la dejamos ni de día ni de noche”, cuenta.
La madre se recuperó.
Uno de los problemas para Andrea radica en que ni los médicos ni los familiares tienen la información suficiente sobre los derechos de los pacientes, ni sobre alternativas de tratamiento.

