Elecciones simples
Si buscamos salud, volvamos a hidratarnos con agua, infusiones y jugos naturales.
Resulta innegable que el consumo de alimentos y de bebidas constituye un hábito natural, necesario, cotidiano e incuestionable, cuyo principal objetivo es proveer a los seres vivos de nutrientes que aporten energía, sustento y defensas para mantenernos saludables.
Sin embargo, su selección no siempre es consciente. Los patrones de ingesta y de consumo nacen, se desarrollan y se consolidan en el plano sociocultural. Enseñanzas, tradiciones y consejos definen lenta e inexorablemente aquello que elegimos casi sin pensar para comer y beber.
En los últimos tiempos, y casi con la misma fuerza, la masividad en la comunicación constituye un elemento más en la construcción de estos patrones de consumo. Es así que las decisiones que tomamos no siempre son las más acertadas con relación a nuestra salud. Como lo expresa la antropóloga Patricia Aguirre, “las formas culturales de comer terminan condicionando la necesidad biológica de hacerlo”.
Paralelamente, y con mucho ímpetu, nos llaman a la vida saludable, a ser portadores de cuerpos sanos, fuertes y delgados que lucen esbeltos y bellos. Se convierte así la salud en una mercancía más que debemos comprar. Nos enfrentamos a múltiples e ingeniosos mensajes publicitarios que fomentan el consumo de sabores naturales, frescura, placer… asociados a salud, juventud y belleza. Tanta información y tanto estímulo nos confunde como consumidores. Queremos la salud, queremos la belleza y comenzamos a creer que podemos comprarla envasada.
Pronto descubrimos, y cada vez estamos más acostumbrados a ello, que aquello que nos venden no sólo no es portador de tan buscadas virtudes, sino que además constituye un factor de riesgo que atenta precisamente contra aquello que estamos buscando.
Resulta inquietante, ¿verdad? ¿Cómo decidir ahora que productos van a formar parte de nuestra canasta alimentaria?
Si buscamos salud; la respuesta, considero, es simple. Los mejores productos no son caros y los ofrece la naturaleza. Volvamos a hidratarnos con agua, jugos naturales e infusiones. La oferta es diversa. Los buenos sabores y la frescura están garantizados. Las preparaciones son sencillas y requieren de poco tiempo.
Los profesionales de la salud tenemos una gran responsabilidad al respecto, despertemos la conciencia y eduquemos a nuestros pacientes: que sean multiplicadores de los saberes aprendidos. Expresémonos, desmitifiquemos mensajes. Seamos creativos al momento de ofrecer alternativas. Desprendámonos de la recomendación de productos manufacturados en nuestros consultorios y redescubramos la simpleza en aquello que resulta más accesible.
*Licenciada en Nutrición MP 1787

