El voseo a través del tiempo
El escritor Prudencio Bustos Argañarás me envió, días atrás, un artículo de su autoría sobre el voseo.
El escritor Prudencio Bustos Argañarás me envió, días atrás, un artículo de su autoría sobre el voseo. Tras leerlo, me pareció interesante aprovechar esas líneas para hacer un breve desarrollo sobre la historia y el uso del “vos”.
La historia comienza en el siglo IV, cuando el emperador Teodosio dividió el Imperio romano y lo repartió entre sus hijos: Arcadio recibió el Imperio de oriente y Honorio el de occidente. Así, como la lengua acompaña los procesos sociales, políticos y culturales, comenzó a emplearse el “vos” para el trato con el emperador.
El uso de esta palabra se debate entre dos posibles causas. Por un lado, se considera que el “vos” era una manera de incluir en una misma denominación a los dos emperadores. Por otro lado, se señala que era un modo de marcar una diferencia con el “nos”; entonces, el líder se autodenominaba “vos” para distinguirse del resto.
Ambas teorías dejan de relieve que el voseo era una forma de respeto extremo. Con el correr de los años mantuvo su carácter, pero su uso se extendió a distintas autoridades (políticas, militares, religiosas); amplió su horizonte.
La Edad Media llegó con cambios en la estructura social. El orden se tornó piramidal: en la base estaba el pueblo (campesinos, artesanos, siervos); por encima, el clero (obispos, abades, monjes); y en la cima, la nobleza (rey, condes, duques, marqueses).
En este período, el “vos” era empleado por los superiores para referirse a los inferiores, era un marcador de distancia social. Entre pares el tratamiento era por medio del “tú”.
Con el fin de la Reconquista en la Península Ibérica, en el siglo XV, surgieron nuevas modificaciones sociales. Así, una vez más, la lengua acompañó este movimiento. Se produjo una expansión del “vos”, que comenzó a emplearse para tratar a alguien de más o menos rango que el hablante.
Esta generalización del voseo empujó el surgimiento de una nueva fórmula de respeto. De este modo, se difundió el uso de “vuestra merced” que se utilizaba con el verbo conjugado en tercera persona del singular.
Como podemos ver, el uso del “vos” es una de las tantas piezas de la evolución del idioma. En nuestros días, la Argentina tiene como fuerte característica de su habla el voseo. Tomamos este “vos” para las relaciones de confianza (aunque su uso cada vez es más extendido) y el “usted”, que es la forma fusionada de (v) u (e) st(ra) (merc) ed, para un trato más respetuoso.
Porque acuerdo absolutamente con ellas, me permito tomar las palabras de Prudencio para cerrar esta columna. “Que la lengua española haya evolucionado de manera diferente en las distintas regiones que componen el vastísimo territorio en el que se habla no permite afirmar que alguna de esas modalidades sea la correcta y las demás no. Simplemente son distintas”.

