El sueño de Carla de ser abogada
Según una encuesta de la Universidad Nacional de Córdoba, apenas el ocho por ciento de los estudiantes proviene de hogares con ingresos que no superan los 3.500 pesos.
Carla (8) va a la escuela Unesco, en barrio Guiñazú, al norte de la ciudad de Córdoba. Se ríe y dice que cuando sea grande quiere ser abogada. "Me gustan los abogados, los vi en la tele", dice. Vive en la villa El Chaparral, en una de las habitaciones de la casa de su abuela. En "su" habitación está la cama que comparte con su hermana de 5 años, su papá y su mamá. Hay también una mesa, un calentador, algo así como una "minicocina", un televisor y un placard. En el otro dormitorio están sus primos, también con sus padres. La dueña de casa ahora duerme en el living. En ese hogar, de unos 45 metros cuadrados, viven 15 personas, sin baño. Sólo un pozo en el suelo y afuera. Allí no hay libros y a veces, sólo a veces, hay alguna revista. Carla hace los deberes en la mesa común, donde cocinan, comen, trabajan y amasan el pan que la abuela vende a 12 pesos. Carla sabe que para ser abogada tiene que estudiar mucho e ir a la universidad, aunque no conoce a nadie que le pueda contar cómo es. Los primos grandes, los que tienen más de 14, han dejado la secundaria en segundo año. Su papá trabaja como albañil y gana unos 600 pesos a la semana. La mamá trabaja en el hogar y, con la Asignación Universal por Hijo, esa familia reúne unos 3.200 pesos al mes. Según la "Encuesta de Calidad de vida en estudiantes" que la semana pasada presentó la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), sobre 2.069 casos, apenas el ocho por ciento de los estudiantes proviene de hogares con ingresos que no superan los 3.500 pesos. Un 19 por ciento tiene padres con ingresos que no superan los cinco mil pesos; en el 39 por ciento sus papás ganan hasta 10 mil pesos y 34 por ciento, por arriba de los 10 mil pesos.En paralelo, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) difundió la distribución del ingreso, con datos de la Encuesta Permanente de Hogares, que releva tanto los ingresos formales como informales.De allí se desprende que la mitad de los trabajadores gana menos de 4.500 pesos al mes y apenas el 10 por ciento supera los 10 mil pesos.La fotografía ratifica aquello ya sabido: los de menos recursos no llegan a la universidad, o son pocos los que llegan. ¿La insuficiencia de recursos económicos es la única explicación?Una universidad paga excluye al pobre (y a una gran mayoría de clases medias empobrecidas) desde el inicio. Pero una universidad gratuita para todos obliga al de bajos recursos –aunque ni se entere– a financiarle los estudios a quien sí podría pagarlos. Esto pasa en Córdoba: por cada joven de bajos recursos que cursa estudios universitarios, hay nueve que estudian y que estarían en condiciones de pagarse los estudios.Si bien la UNC implementa un programa de becas económicas, la fisura se produce antes, debido a que es altamente probable que Carla no vaya a la universidad porque no alcance a terminar el secundario. Al 70 por ciento de los adolescentes de su condición le pasa eso.Los datos estadísticos no deberían llevar la discusión al lugar erróneo de que la clase media y los ricos deben pagarse también la educación universitaria.Si definimos, como país, que los estudios de grado son gratis, lo que debemos hacer ahora es bregar para que sean inclusivos en serio.Hay que hacer algo antes, ahora, justo en el momento en que Carla sueña con ser abogada. Debería haber una red de contención educativa, social y económica que la anime a soñar con su proyecto y que le garantice herramientas concretas para poder lograrlo.

