"El Estado quiere instalar un pasado jesuita para Córdoba"
Roxana Cattáneo, directora del Museo de Antropología entiende que la Provincia quiere ocultar su historia indígena y no otorga permisos para estudiar sitios arqueológicos. Los nuevos hallazgos sobre el poblamiento cordobés. Video.
En 2007, Roxana Cattaneo migró desde La Plata a Córdoba para trabajar en el Museo de Antropología (Universidad Nacional de Córdoba y Conicet), del que es directora. También conduce el Laboratorio de Análisis Macro y Microscópico de Materiales Líticos (Lammal). Es arqueóloga del Conicet y estudia los antiguos pueblos cordobeses. -¿Qué antigüedad tienen los primeros habitantes de Córdoba? –El sitio arqueológico más antiguo es el Alto 3, en Pampa de Achala, que tiene restos con más de 10 mil años de antigüedad. Los descubrió Diego Rivero en 2006/2007. –¿Antes, ¿cuál era el sitio más antiguo conocido? –Son los descubrimientos de Alberto Rex González con ocho mil años. Ahora estamos reexcavando uno de sus sitios, porque la última vez que lo entrevistamos nos dijo: "¡Tienen que seguir en Ongamira! ¡Tienen que seguir más abajo!". –Allí hay diferentes capas de tierra asociadas a diferentes épocas. ¿En qué variaron esas distintas poblaciones?
–Un cambio importante es que se pasó de la caza personal, con lanza, a la caza con arco y flecha, que aparece hace unos 1.500 años. Eso ocurre en casi todas partes del mundo.
–¿Es la misma punta de flecha en todos lados? –Por 700 años los pueblos de toda Sudamérica usaron las puntas cola de pescado. Luego varía en cada región. En Córdoba están las puntas Ayampitín, puntas lanceoladas, es decir, con forma de lanza o almendrada. Son muy características del noroeste andino. –Es decir que los pobladores vinieron desde allí. –Fue la idea de Rex González sobre cuál fue la primera corriente pobladora de Córdoba. A principios de este siglo aparecen sitios anteriores a Ayampitín con una tecnología que no es la de puntas lanceoladas. A partir de esto, Andrés Laguens desarrolla la teoría de que el poblamiento de Córdoba no haya sido desde el noroeste andino, sino del sur. Esto está apoyado por estudios bioantropológicos de este museo. Lo que se ha visto es que esos cordobeses están más vinculados con poblaciones patagónicas que andinas. –¿Cuántos sitios arqueológicos hay en Córdoba? –Hay más de 800 sitios. En el museo trabajamos en un proyecto con la Provincia sobre ordenamiento territorial. Tiene 14 capas de información, entre ellas, una arqueológica. Hasta 1984 se habían relevado 184 sitios, según un trabajo de Eduardo Berberian. En un año, detectamos 800 sitios. Son sitios nuevos que no están investigados. –¿Es mucho? –Es poquito, pero creo que debe haber como ocho mil sitios. La mayoría del territorio cordobés no fue estudiado desde la Arqueología, si lo comparamos con otras provincias. En Catamarca hay más de cien arqueólogos trabajando. En Córdoba, sólo hay tres equipos. –¿Córdoba tiene alguna importancia arqueológica para el país? –Sí, fue una zona de paso muy importante, incluso hasta tiempos históricos. La gente que estudia en las demás provincias necesita saber qué pasó acá para saber si los pobladores venían desde Córdoba o no. Eso no lo podemos responder. –¿Por qué no se conoce con más profundidad? –Los científicos que estudiaron esto en Córdoba dejaron de hacerlo porque no se pudieron conseguir más permisos para excavar de la Provincia. Desde el Estado se quiere instalar un pasado jesuita y colonial para Córdoba. El pasado indígena y afroamericano se invisibiliza. –¿Cuál es el interés de ocultar ese pasado? –Puede ser vender la Córdoba jesuítica y docta. Seguir trabajando en un discurso hegemónico de cómo se construyó el Estado nacional. Y, en realidad, se construyó con un 86 por ciento de población original y un 8 por ciento de afroamericana, completamente invisibilizados y destruidos a nivel étnico. –¿Por qué se hizo antropóloga y arqueóloga? –Cuando comencé a estudiar Antropología me interesaba más la evolución humana. En ese momento, me di cuenta de que si quería trabajar en eso tenía que irme de Argentina. Aquí no se estudia eso. Entonces, me pasé a un grupo que trabajaba en poblamiento americano ya en primer año de la facultad. –¿Por qué le interesó la evolución humana? –Tenía muchos cuestionamientos que tenían que ver con el origen del hombre. Tuve formación religiosa y la Antropología me ayudó a entender más. –¿Cree en Dios? –Creo que por nuestra propia limitación biológica, hay cosas que no podremos entender y explicar, porque estamos en una etapa de la evolución biológica. Lo interesante es que los descubrimientos antropológicos que suceden día a día nos permiten repensarnos como seres biológicos y culturales. –¿Cuál es la mayor enseñanza de los pueblos antiguos? –En nuestra sociedad, lo biológico y lo cultural son dos cosas distintas. Pero para las sociedades cazadoras y recolectoras que habitaron la Tierra por dos millones de años eran lo mismo. La ruptura entre naturaleza y cultura es algo reciente. Nuestra sociedad occidental tiene apenas dos mil años.
El poblamiento de América
Argentina. El sitio Los Toldos (Santa Cruz), con 12.800 años, es de los más antiguos de Argentina.
Desde el norte. "Los fechados más antiguos en América del Norte no superaban los 11 mil años. Hay un modelo que se llama "Clovis first" (Clovis primero) según el cual los pobladores americanos ingresaron caminando desde el norte por el estrecho de Bering", dice Cattaneo.
De los barcos. "Hoy eso es insostenible. Ya se encontraron sitios con antigüedades mayores que las norteamericanas en casi toda América. La navegación es la hipótesis más extendida. Por ejemplo, ahora se sabe que hace 40 mil años ya había navegación en Australia", explica.
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