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El destino venía con un chicle

Estás convencido de que ella hubiera aceptado, pero nunca te animaste a dar ese paso que los dos estaban esperando.

27 de junio de 2015 a las 12:01 a. m.
El destino venía con un chicle

S ábado por fin, el día que habías estado esperando toda la semana para ir a la tan anunciada americana que se hacía en la casa de Marisa. Habías comprado una Teem, de litro, porque eras varón y te tocaba llevar las bebidas. Sabías que a ella le gustaba esa gaseosa. Tenías un nuevo corte de pelo y estrenabas un frasco de Pino Colbert, el perfume irresistible de la época. Tu hermano no iba a salir y, en un rapto de bondad que todavía no te explicabas, te había prestado sus vaqueros Wrangler. Tus botitas de La Academia estaban impecables y el cinto con la hebilla con iniciales brillaba porque lo habías lustrado con Brasso. A eso le agregaste tu pulóver Legacy de cuello base color lavanda, para convertirte en un fachero irresistible, según tu propia apreciación. Nada podía fallar. Fernandito ya te había adelantado que estaba seguro de que ella gustaba de vos. Eso era algo de lo que te dabas cuenta por sus miradas en fiestas anteriores y, en especial, porque el miércoles, cuando casualmente compartieron el ómnibus, ella se ruborizó al verte. Antes de salir de tu casa, notaste que te habías comido las uñas de más. Eso arruinaba un poco tus manos, pero no era un detalle ajeno a lo varonil y tenías un elemento muy cercano que eclipsaba: el reloj Texas Instruments que te habían regalado tus compañeros del secundario. Tu boca Aunque eran muy remotas las posibilidades de un primer beso en la boca, decidiste no descuidar el detalle del aliento y pasaste antes por el quiosco. No te alcanzó para comprarte una cajita de Chiclet´s Adams y elegiste un paquetito individual de menta. La golosina en cuestión trajo su correspondiente historieta de La Barra del Pibe Bazooka, la que leíste con pocas ganas y a los apurones, porque lo que más te gustaba era ver el horóscopo de Bazooka Joe.Otras veces te habías entusiasmado mucho con sus predicciones de viajes y fortunas por recibir. Pero ese día fue distinto. "No es un buen momento para emprender una nueva relación", decía, sin contemplaciones, el pequeño papelito. ¿Será por ella?, te preguntaste.A partir de ese momento, toda tu facha te pareció poca. Maximizaste la importancia del granito que tenías cerca de la nariz y recordaste que el remolino de la cabeza te hacía un pirincho feo cuando tenías el pelo muy corto. Ya en la fiesta, ella te pareció demasiado hermosa y hasta escuchaste esa voz interna que te decía que era mucho para vos. Sin rastro Pasó la noche sin que te animaras a sacarla a bailar. Te entretuviste con tus amigos un rato, y otro rato te escondiste detrás de la bandeja de galletitas con picadillo. ¿Ese no era un buen momento o es que nunca tendrías un buen momento? Ella se mudó del barrio un mes después y ya no la viste más.Hoy, a tantos años, sin saber por qué, lo recordaste. Estas convencido de que ella hubiera aceptado, pero nunca te animaste a dar ese paso que los dos estaban esperando. De pronto lo entendiste: en esos tiempos, toda la historia del mundo podía cambiar por la influencia de lo escrito en un papelito que envolvía a un chicle de menta.