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El cartel que Víctor sacó del taxi

Ningún beneficio supera el costo principal que supondría un billete más grande: admitir años de inflación acumulada no reconocida.

28 de marzo de 2015 a las 12:01 a. m.
El cartel que Víctor sacó del taxi

"Hace no sé cuánto tiempo ya que no me hago problema jamás por el cambio de un billete de 100 pesos", dice Víctor, un tachero que se sienta a las 6 de la mañana y se levanta 10 horas después. Se acuerda de que tenía un cartelito en el respaldar que decía "Avise antes si va a pagar con $ 100". "Hoy, la mayoría de mis viajes ronda los 100 pesos; es más, ya no ando más con monedas, siempre redondeo hacia abajo y muchas veces es el pasajero el que redondea hacia arriba", agrega. Un excelente día de trabajo puede rondar en los mil pesos. "Me impresiona ver tan llena la billetera, pero no duran nada", se queja. Y asegura que le vendría bien un billete de 500.No hay dudas de que urge un billete de mayor denominación para la dinámica de la economía argentina. El jueves, la presidenta Cristina Fernández anunció la creación de un nuevo billete de 100, que saldrá en los próximos días, y que llevará el perfil de una mujer con pañuelo blanco, en homenaje a las Madres de Plaza de Mayo. Convivirá con el de Eva Perón (2012) y el de Julio Argentino Roca (1999). Será el único billete argentino con más de una figura en su denominación. Hubiera sido oportuno que el homenaje a las Madres se hiciera en billetes de mayor denominación. Hay al menos ocho proyectos en el Congreso proponiendo la creación de papeles de 200, 500 y hasta de mil pesos.Cada vez son más crecientes los costos asociados a una economía que, en términos de circulación, ha crecido 58 por ciento en apenas dos años, ya que el M2 (dinero en poder del público más depósitos) pasó de 462.310 millones de pesos en marzo de 2013 a 731.405 a marzo de 2015.Primero, porque el 50 por ciento de las compras (según un relevamiento de la Cámara de Comercio de Córdoba) se siguen haciendo en efectivo. Para hacerse de ese efectivo, hay gente detrás que lo cuenta, lo traslada, lo guarda, lo vuelve a contar, lo pone en cajeros, lo saca, lo cuenta de nuevo. Toda esa tarea operativa de bancos, empresas y particulares demanda mucho tiempo y cuesta dinero. Hay costos de logística, de seguro, de guardias que se incrementan. La falta de cambio para un billete más alto no sería problema, porque billetes de 100 son los que sobran. Es más, dos de cada tres billetes nuevos que el Banco Central ha puesto en circulación ha sido de 100 pesos, al punto que hoy representan el 66 por ciento del total de papeles que utiliza la economía argentina, según datos del Central. Los problemas para dar un vuelto que hoy pueden sufrir los quioscos, cocheras, cabinas de peaje, panaderías y algunos comercios no se agravarían de existir un billete de 500 pesos. Hasta podrían mejorarse porque habría capacidad de impresión para otros que no sean los de 100. Si no, miremos las estadísticas: apenas el 1,7 por ciento del circulante son de 20 pesos; ocho por ciento de 10 pesos, y 7,5, de cinco. Pero ningún beneficio supera el costo principal que supondría un billete más grande: admitir años de inflación acumulada no reconocida.