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El bocado perfecto

A veces, la felicidad está hecha de la combinación de esas pequeñas cosas, de momentos mínimos... Juan Carlos Carranza.

15 de abril de 2013 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
El bocado perfecto

Leer el diario los domingos a la mañana, tomando mate y comiendo criollos; pinchar un pedazo de milanesa y untarlo en puré blanco; comer un pedazo de costilla con ensalada de rúcula, ajo y queso parmesano. Todas variantes de un bocado perfecto, según el gusto de cada paladar.

A veces, la felicidad está hecha de la combinación de esas pequeñas cosas, de momentos mínimos...

Un libro y un café; una cerveza frente al televisor viendo a nuestro equipo favorito; la picada antes del asado; una película de terror en el horario de trasnoche; contemplar un paisaje en compañía; escuchar la música que nos gusta, mientras saboreamos un buen vino... son algunos pocos ejemplos que contribuyen a ese bienestar.

Cacho Yerom, nuestro asesor estrella, cuenta que la felicidad para la pequeña hija de un amigo era “comer hamburguesas mirando dibujos animados en la tele”.

El bocado perfecto es a la felicidad lo que la degustación de una comida es a nuestro paladar. Sólo que hay 
que propiciar el contexto adecuado.

Yerom dice que descubrió esa sensación en 1992, la primera vez que viajó a Brasil. “Era mi primer viaje al extranjero. Estábamos con un amigo almorzando en un bar frente a la playa, por donde incesantemente caminaban mujeres hermosas. Pedimos congrio con salsa de camarones, acompañado con abundante arroz blanco y una cerveza helada. En ese momento, pensé que había alcanzado la felicidad plena”, cuenta.

El cielo con las manos. Alejandro Dolina, escritor, conductor de La venganza será terrible , reflexionó en uno de sus programas radiales sobre la expresión "tocar el cielo con las manos" y la felicidad.

“Uno siente al cielo cuando se lo han sacado; por eso a veces la felicidad no se siente. (...). Si el estado de algarabía del espíritu fuera indicado con una luz, ese escrúpulo arruinaría la felicidad. A veces, aun cuando no siente la felicidad, algunos de sus signos son evidentes para el tipo: estar con la mina que le gusta. Empieza entonces a preservar la felicidad, y esa preservación de la felicidad le arruina la posesión. Como un tipo que poseyendo un jardín maravilloso, perdiera todo su tiempo en alambrarlo en lugar de estar en él, retozando, tomando sol o morfando las frutas del bien y del mal”.

“Está bien –agregó– que no se note que tenemos la felicidad en las manos. Y, en otros casos, hay que cuidar que la toma de precauciones no sea lo único que uno hace cuando descubrimos que nos está yendo bien. No hay alambres de púa que sujeten un momento, cuando este momento se va”, concluyó Dolina. Y, para usted, ¿cuál es su bocado perfecto?