El barrio y la teoría del conflicto permanente
Para sostenerse en una posición de poder, Cacho se aferra a una teoría sociológica de los años ’60. La tomó del fallecido Ernesto Laclau.
–No me lo banco más, Cacho. Me cansó. Me enteré de que estuvo hablando sobre mí en la panadería y eso es una muy mala señal. –¿Qué me dice? ¿Señal de qué?–De complot, Cacho. Usted encabeza un complot contra mi persona, junto al panadero y a esa señora que siempre barre las mismas hojas.–Me parece que usted está bipolar. La última vez que conversamos, estaba de lo más dócil, y ahora me viene a plantear la idea de un supuesto complot barrial contra su persona.–Y no son sólo ustedes. Creo, Cachito, que el quinielero y su mujer están por juntar firmas para denunciarme por la poda de los ligustrines.–¡Eh! Parece que desayunó con glifosato y se quiere pelear con todo el mundo.–No, la verdad es que este barrio me cansó, Cacho. El bicicletero es un mal nacido. Me cobra cinco pesos para inflar las gomas. Creo que es un ladrón.–Bueno, pare un poco la mano. Si sigue tan encolerizado, se puede infartar.–Claro que me puedo infartar. Y si eso ocurre, mire hacia el norte, Cacho. Si algo me pasa, mire bien hacia el norte.–No me diga que ahora se embroncó con los jujeños.–No, hacia la medianera que da al norte. No me banco más a esos estudiantes que escuchan música fuerte y hacen grandes festicholas todos los sábados. No los aguanto.–A ver... No entiendo. Se levantó realmente muy mal. Ya no quiere ni a su hermano.–Ni me hable de mi familia, Cacho. Los detesto a todos, me quiero cambiar el apellido.–Es evidente que le patina el embrague. No puede estar tan mal con todo el barrio.–Bueno, no sólo con el barrio. Tampoco quiero al intendente, al gobernador y a todos los que le siguen.–Es indudable que enloqueció.–Ja. Se la creyó. Tranquilo Cachito, tranquilo. Estaba haciendo un ensayo.–Bue, casi le pego un palo en la cabeza y ahora me dice que era una broma.–Claro, estaba practicando para hacerme más fuerte en el barrio y tener algo más de chapa entre la gente que nos rodea.–¿Cómo es eso?–Es fácil de entender, Cacho.–Será para usted, yo no cazo lo que quiere decirme.–Si observa las actitudes de la Presidenta y de sus seguidores, se va a dar cuenta.–Por qué.–Para sostenerse en una posición de poder, Cacho, se aferra a una teoría sociológica de la década de 1960. Una forma de actuar que tomó del fallecido intelectual Ernesto Laclau.–¿Qué significa eso?–Que siempre hay que tener un enemigo. Siempre hay que mostrarse víctima de un ataque, de un complot, de una agresión, de una campaña de desprestigio.–No me parece posible sostenerse así.–Bueno, siempre necesita ir a una apuesta más extrema, a fondo.–Ah. Si es así, pelearse con Estados Unidos sería como una última carta.–Entendió, Cacho.

