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Donó el nuevo edificio al colegio del que fue alumno

En La Cruz, la única escuela primaria inauguró ayer su nueva sede. Se construyó con los recursos aportados por Miguel Rafael, un cordobés de 84 años, que vivió hasta los 27 en este pueblo serrano.

25 de septiembre de 2015 a las 12:01 a. m.
Carina Mongi (Corresponsalía)
Donó el nuevo edificio al colegio del que fue alumno
De estreno. 200 alumnos tiene la escuela Domingo Sarmiento, que ocupa un nuevo edificio. Reemplaza a otro, histórico pero incómodo, que tiene más de 100 años (Gentileza Claudia Ticera).

La Cruz. Un sueño que había comenzado a tejerse hace 40 años y parecía ya archivado, ayer se cumplió. Los dos mil habitantes de La Cruz, en el valle de Calamuchita, celebraron la inauguración del nuevo edificio de su única escuela primaria, la Domingo Faustino Sarmiento. Pero no se trata de un edificio más. Este tiene una historia que merece ser contada.

Fue un exalumno, hoy de 84 años, quien aportó los recursos para la construcción. Miguel Rafael, ingeniero civil nacido en este pueblo serrano pero hoy habitante de la ciudad de Córdoba, donó la totalidad del dinero para levantar la estructura de casi mil metros cubiertos, adonde se mudarán los 200 alumnos, dejando la vieja sede, que acumula más de más de cien años y con escasas comodidades.

Si bien no se difundió el monto del dinero aportado, varias fuentes coincidieron en estimar estimaron que una obra de tal envergadura supera los cinco millones de pesos. El edificio se construyó en tres años.

Además del edificio, el amplio terreno también fue donado con ese fin, pero hace 40 años. Ahora, todo pasa al Estado provincial, como nuevo dueño.

La necesidad del nuevo colegio había nacido cuatro décadas atrás. En 1973, el entonces diputado provincial Neyef Sucaria, ya reclamaba al Gobierno de Córdoba esa obra. En 1974, un grupo de vecinos, en el que estaba incluido Sucaría, su hermano José, más Julio y Jorge David, donaron un amplio predio para que se haga la nueva escuela. Pasaron muchos almanaques para que finalmente se concretara, y por el aporte de otro exalumno.

Agradecido

“Agradezco a esta escuela por la enseñanza. En Córdoba uno se defendía muy bien con lo que aprendimos acá; yo fui al Liceo Militar y estuve becado por la enseñanza de esta escuela de mi pueblo, que era muy buena”, señaló el benefactor, ayer, en el acto inaugural. Rafael lamentó que Esmeralda de Fernández, quien había sido su directora, falleciera apenas 15 días atrás.

“Cada uno en la vida hace lo que cree que tiene que hacer; esto no es ostentación de dinero ni nada de eso, sino dejar algo”, comentó el hombre descendiente de libaneses, quien dijo sentirse agradecido con el pueblo donde nació y vivió hasta los 27 años de edad, cuando se mudó a la ciudad de Córdoba.

El edificio de 992 metros cubiertos tiene seis aulas, sanitarios, salón de usos múltiples, comedor, cocina, biblioteca, sala de maestros y dependencias.

Eso y más

“Me desborda el corazón, estoy como si hubiera nacido de nuevo, veo el esfuerzo de tanta gente. La otra escuela no tenía ni patio”, expresó emocionada la directora Mabel Jaimez. Agradeció a la familia Sucaria-David por el terreno, al municipio que ofreció la mano de obra y especialmente al padrino de la escuela. Fue el tridente que se conjugó para cristalizar el proyecto. La docente recordó que Rafael desde hace años apadrina la escuela y que siempre está presente, ante cada necesidad.

Por ejemplo, las computadoras del colegio fueron donadas por este hombre, que cada año obsequia también un viaje a Estados Unidos para el alumno con mejor promedio. “Es una persona extraordinaria”, apuntó la directora.

“Que una persona se preocupe tanto por una escuela asombra, parece un gesto salido de otra época”, acotó la inspectora de zona Viviana Gutiérrez.

“Nunca más en mi vida daré un discurso en público”, dijo Miguel ante los presentes, cosechando sonrisas cómplices y aplausos interminables. En tono intimista, reveló que “se borraron todos” los que iban a aportar y quedó como único donante. Parafraseó a la Madre Teresa, diciendo que “hay que dar, pero no lo que sobra, hay que dar hasta que duela”.

Poniendo ladrillos

Miguel Rafael es un empresario vinculado al rubro de las construcciones, que en la ciudad de Córdoba ha levantado edificios de departamentos, entre otras obras. Tiene hoy 84 años, está casado, sin hijos.