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Del Cerebro Mágico al Preguntados

Nadie puede negar que un entretenimiento de preguntas y respuestas es mucho más útil y sano que aquellos consistentes en acomodar formas en una plataforma o combinar frutas o caramelos.

24 de mayo de 2014 a las 12:01 a. m.
Del Cerebro Mágico al Preguntados

Me alegra que el juego Preguntados se haya convertido en el favorito de chicos y grandes. No sólo porque es una creación argentina que genera trabajo para argentinos en la joven empresa Etermax, sino porque implica una revalorización del conocimiento, aunque sea del que sólo sirve para que los “todólogos” se luzcan en el bar.

Nadie puede negar que un entretenimiento de preguntas y respuestas es mucho más útil y sano que aquellos consistentes en acomodar formas en una plataforma o combinar frutas o caramelos.

Si de pasar el tiempo se trata, mejor que sea en algo tan gratificante como el saber y conocer.

Ya sé que algunos hacen trampas y juegan con el buscador Google de asistente, pero incluso ellos aprenden ya que, en la tarea de buscar rápidamente el dato, descubren fechas, conceptos, fórmulas y nombres que, de otro modo, jamás hubieran pasado por sus vidas.

Tengo que admitir que odio cuando me tocan preguntas del tipo “¿Cómo se llama la novia de Zain Malyk, cantante de One Direction?”. Ni siquiera sabía que había un grupo musical que se llamara así.

Pero, no obstante, la cuestión me hizo preguntar y me enteré de que el chico le regaló una casa de 300 mil dólares a su suegra, la madre de Perrie Edwards, que así se llama la afortunada jovencita a cuyo nombre le erré mientras jugaba.

Gracias a eso de averiguar, aprendí también que otro integrante de One Direction, llamado Harry Styles, fue novio de la cantante Taylor Swift, y a esa sí la tengo porque es la favorita de mi hija y sus canciones se escuchan en forma permanente en mi casa. Ya lo sé para cuando me salga la pregunta.

Todo esto para contarles que en mis tiempos, el juego más sofisticado que tuvimos fue el Cerebro Mágico, una maravilla que consistía en un tablero en el que se colocaban fichas con 20 preguntas y 20 respuestas a las que había que relacionar con un cable con dos clavijas.

Si acertabas la clavija de la pregunta con la de la respuesta, se encendía una luz en señal de que habías acertado.

Como en los rubros del juego Preguntados, en el Cerebro Mágico las fichas venían de muchas temáticas. Recuerdo deportivas como “Campeones mundiales de la Argentina”, o matemáticas, como las que venían con las tablas de multiplicar.

Había algunas que no podíamos usar, como la de “Calles porteñas” (¿Cómo pretendían que un niño del cordobés barrio Cofico conociera esas arterias?).

Lo cierto es que fue toda una alegría recibir ese juego como regalo de Reyes, pero el entusiasmo que tuvimos al principio se apagó cuando descubrimos su secreto.

La luz no se encendía por magia: había un circuito que conectaba a los agujeritos por pares. Una vez que aprendías la relación entre las posiciones de las preguntas y de las respuestas, te convertías en invencible. En otras palabras, te aburrías.

Así fue como este juego, de vanguardia para nuestro tiempo y que había sido nuestro favorito, pasó a llenarse de polvillo en la parte de arriba del ropero. Me encantaría volver a verlo, conectar de nuevo sus preguntas con el otro lado del tablero y sentir de nuevo la emoción que sentía cuando se encendía la luz.