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De la ciudad de la furia a un rincón de 50 habitantes

Un día, Diego Tarcetano (44) y su esposa Franca (43) decidieron dejar Buenos Aires para mudarse a El Durazno. 

12 de enero de 2016 a las 12:05 a. m.
De la ciudad de la furia a un rincón de 50 habitantes

Un día, Diego Tarcetano (44) y su esposa Franca (43) decidieron dejar Buenos Aires para mudarse a El Durazno. Cambiaron vorágine por mansedumbre. Una megaurbe por un paraje serrano apenas habitado. Hace cuatro años que están radicados en El Durazno y son los dueños de las cabañas La Cigarra. "Queríamos radicarnos en uno de esos lugares paradisíacos que uno visita en vacaciones, conocimos esto y acá estamos", cuenta Diego. "Fue un cambio rotundo, mucho mayor al que hubiera sido instalarnos en localidades cercanas como Santa Rosa o Villa General Belgrano", apuntó. Debieron dejar sus profesiones y oficios y procurarse otra forma de vida. Franca trabajaba como diseñadora gráfica y Diego se dedicaba a vender y reparar procesadoras de películas de rayos x. Imposible seguir desarrollando esas actividades en un sitio con medio centenar de habitantes."Estamos contentos, nos hemos adaptado", aseguró Diego, que entre otras muestras de integración, se sumó al cuerpo activo de bomberos voluntarios locales. Además de las dos cabañas que explotan, Diego ofrece travesías en cuatriciclos, que incluyen incursiones de buceo en piletones naturales de agua cristalina del río El Durazno. Las cabañas llevan el ojo y la creatividad de Franca. La llamativa combinación de colores y la mixtura con objetos antiguos genera atención. Como la base de una máquina de coser que hace de pie de la bacha en un antebaño, o una rastra para arar la tierra, cortada al medio y transformada en repisa-perchero. O, por caso, un espejo de grandes dimensiones que refleja un cuadro de las sierras. Las cabañas de Franca y Diego se sumaron a otras opciones de alojamiento en esta zona, que recién en los últimos 15 años fue sumando más plazas y dejó de ser una zona sólo para ir "a pasar el día". Ahora, bien vale la pena quedarse.