Para los urbanistas, hay que exigirle "ciudad" al privado
Esa marea de gente que ingresa en su propio automóvil a la Capital tiene consecuencias directas en la vida urbana.
"Todos quienes se van a vivir a lugares más rústicos, de mucho contacto con la naturaleza, siguen demandando las prestaciones de la vida urbana; sus habitantes siguen trabajando, comprando y estudiando en la gran ciudad", dice Miriam Liborio, urbanista de la UNC.El problema más palpable de la expansión territorial es que esos barrios nuevos se planificaron exclusivamente como residenciales. Entonces, a la hora de trabajar, asistir a la escuela, ir al supermercado, al cine o comprar un regalo, hay que salir del barrio y "viajar" a la ciudad. La demanda de esos servicios de los vecinos de la periferia o del Gran Córdoba recae muchas veces en la Capital."El costo de movilidad es creciente y ha hecho que se vuelva difícil nuestra área metropolitana", apunta el arquitecto Alejandro Cohen (ver Entre las 7 y las 10 ingresan 11 mil vehículos en la Capital)."En Córdoba se congestionan las rutas, porque nuestro sistema de transporte está basado en el auto y el camión, en Europa eso está cargado al tren", dice Norma Vaudagna, directora del Departamento de Geografía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC. Para ella, la solución pasa por mejorar el transporte público: que el auto quede reservado para el fin de semana y el resto, colectivo y bicicleta.Para Carolina Peralta, arquitecta especialista en la "ciudad periurbana", la expulsión poblacional es un fenómeno que se ha acentuado en los últimos años y que, a su entender, seguirá profundizándose, al punto de que en 2020 la Capital tendrá crecimiento negativo de población propia. "La ciudad se está ahuecando y hay que tomar nota de eso: hay que incentivar políticas específicas de revalorizar el Centro y muchos barrios intermedios", dice. Y cuestiona la proliferación de edificios: "El 30 por ciento está vacío, fueron comprados por inversores que no viven allí".Y apunta una solución: "Las ciudades que querían tener más población y ansiaban ese 'mercado impositivo', ahora se tendrán que hacer cargo de brindar servicios", dice. Su colega Liborio lo ejemplifica: hay que exigirles a esos desarrollos la construcción de los servicios y el equipamiento que demanda la población del barrio. Por ejemplo: una escuela o un centro de salud para atender a todos esos nuevos ciudadanos. "Hay obras públicas que también tiene que encarar el privado, como el tratamiento de efluentes cloacales o ciertos nudos viales", dice. Tanto Peralta como Liborio coinciden en que los municipios deben ser más activos: planificar en conjunto concibiendo como un todo el área metropolitana y exigiendo a los desarrollistas que no piensen sólo en viviendas, sino en lo que también necesitarán los futuros habitantes.

