El mate que Violeta toma en las plazas
Las calles deben ser nuestras. Las veredas, las plazas, las vidrieras del que vende y con eso para la olla. El espacio público nos iguala, nos democratiza.
Violeta es una militante del espacio público. Su mayor satisfacción es que sus hijos disfruten las amistades intensas que nacen con los amigos casuales que se encuentran en las tardes de plaza. Amistades que a veces duran tres horas, a veces varios días, a veces toda la vida. "Allí juegan con chicos con los que nunca tendrían oportunidad de jugar si no fuera por la plaza, y yo converso con gente con la que probablemente nunca tendría oportunidad de charlar", dice esta arquitecta de 36 años."En la escuela tienen muchos amigos, pero todos muy parecidos a ellos, a nosotros mismos. Yo quiero que estén en la diversidad", dice. Por eso es que sube al auto a sus tres chicos –más algún sobrino o amigo– y los lleva a menudo a pasar la tarde a alguna plaza o parque de la ciudad.El jueves se organizó y pudo estar, mate en mano, en el espacio verde que está a una cuadra de su casa, haciéndose eco de la convocatoria #UnMateEnLaEsquina, que cuatro días antes había lanzado el Comipaz.No eran muchos, pero el que estaba había concurrido con el propósito firme de reconstruir la "vecindad" con el otro, de compartir el espacio público que "nos pertenece a todos por igual", como citaba la convocatoria del Comipaz.La movida tuvo el gran mérito de poner otras palabras al miedo colectivo –exacerbado por la paranoia sin filtro de las redes sociales que circulaba en referencia al 19 y 20 de diciembre, fecha aniversario de la renuncia anticipada de Fernando de la Rúa en 2001, teñida de saqueos y muerte.La convocatoria del mate, que circuló por todo el país, supo correr el eje del discurso e instalar un relato esperanzador, como la posibilidad de reconstruir la fraternidad debilitada.Fue decirle no de antemano a esa catástrofe que tenía el riesgo de ocurrir sólo por haber sido tan anunciada.Fue animarse a plantear una alternativa institucional a ese boca a boca tan lapidario. Alternativa voluntarista, porque, al fin y al cabo, no son más que hombres religiosos de muy buen espíritu. Pero idearon una alternativa.Ahora tenemos que pensar cómo seguimos. Hay que hacer algo con la desazón colectiva a la que nos asomamos los cordobeses el 3 y 4 de diciembre. ¿Está todo perdido? ¿No hay vuelta atrás? ¿Seguimos así, nomás, sabiendo que somos capaces de devorarnos entre nosotros? ¿Esperamos que vuelva a pasar? ¿El quiebre de esa vecindad es irreversible?Probablemente así lo crean muchos, especialmente el que ha sido saqueado y lastimado. Con ellos el Estado debe actuar para remendar lo que su ausencia causó. Pero tenemos que seguir pensando en la recuperación.Las calles deben ser nuestras. Las veredas, las plazas, las vidrieras del que vende y con eso para la olla.El espacio público nos iguala, nos democratiza. Lo pagamos todos con nuestros impuestos, no con las expensas.Pidamos más espacios públicos. Que todos los cordobeses puedan tener una linda plaza cerca, no tanto en Nueva Córdoba. Pintada, con los juegos infantiles sanos, con bancos para matear, con propuestas para la actividad física, con luces que animen a quedarse después de las 20. Pero, sobre todo, con mucha gente multiplicando encuentros. Con familias mate en mano reafirmando que el prójimo es el que está a mi lado y que tenemos el compromiso cívico de cuidarnos.Tenemos que creer, como invitaba la mateada del jueves, que podemos ser garantes del prójimo. Aunque la historia reciente nos diga lo contrario. Y duela.

