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Confirmado: los políticos no son Papá Noel

La buena noticia, con respecto a las próximas elecciones, es que de a poco vamos entrando en la “energía positiva”.

03 de agosto de 2013 a las 03:17 p. m.
Confirmado: los políticos no son Papá Noel

La buena noticia, con respecto a las próximas elecciones, es que de a poco vamos entrando en la "energía positiva". Un concepto preconizado por estamentos tan diversos como Jimena Cyrulnik, Ari Paluch o la plana mayor de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (Epec). El ahorro de energía humana consiste en evitar peleas y concentrarse en lo que queremos conseguir. Salvo inevitables excepciones, los candidatos a las primarias del 11 de agosto próximo no hacen hincapié en lo malo del otro, sino en lo que tienen para proponer. La mala noticia es que no parecen tener nada nuevo para proponer. Pero también en esto la sociedad tiene mucho que ver. Los comités y unidades básicas ya no son un nexo con el pueblo. Las campañas consisten en aparecer en un evento, besar al nene, palmear al trabajador y de ahí a la próxima foto. A falta de diálogo interpersonal, el político se guía por las encuestas y los medios, como si fueran los voceros de la sociedad. Modalidades. Aunque las imágenes siguen siendo imprescindibles, hoy descuellan las promociones no convencionales, que parecen inspiradas en algún manual de penetración de mentes infantiles cualquiera sea su edad. Por ejemplo, usted entra en Google y pone Osito Gominola, para solaz de sus nietecillos, y le aparece la voz inconfundible de la Presidenta diciendo cómo su gobierno se ha ganado la simpatía de los jóvenes. Cliquea en el video del Sapo Pepe o Patito Cuá Cuá, y emerge la "Coneja" Baldacci asegurando que hay que meter un cambio. Son sólo dos ejemplos. Antes de seguir, uno opta por apagar la computadora y ponerse a armar un rompecabezas. Por lo menos ahí se asegura cierta intimidad. Reclamos comunes. Ya no es tiempo de oír a los políticos, sino de que ellos nos oigan a nosotros. Sin intermediarios. La inseguridad es quizá la mayor preocupación, y atraviesa todas las capas sociales. Aun así, no hay debates públicos con la Policía, para ver cómo enfrentar el problema. El transporte y la informalidad laboral afligen a vastos sectores. O los chicos que desertan del colegio. La población sabe que los políticos no son Papá Noel, pero igual desearía que le traigan algún regalito. Por el otro lado, por mucho que uno aguce el oído, no oye insistentes reclamos por el aborto, el matrimonio igualitario (¿acaso no está aprobado?) o la legalización de la marihuana. Sin embargo, cierta agenda periodística sigue aferrada a esos temas. En los sectores medios bajos hay una tácita convicción de que el aborto no solucionará el problema del embarazo no deseado. Y que la marihuana legal no acabará con el tráfico de droga. Nos guste o no, llegó el momento de asumir que los conflictos no se solucionan sólo con leyes. O que éstas no hacen milagros.