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Condena atenuada para Jésica, la joven que ahorcó a su bebé

Le dieron ocho años de prisión. Al principio había dicho que le secuestraron al niño. Consideraron que "podría haber perdido los frenos inhibitorios" tras el posparto.

24 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
Denise Audrito (Corresponsalía)
Condena atenuada para Jésica, la joven que ahorcó a su bebé
Juicio. Jésica, ayer, al conocer el fallo del jurado popular (La Voz del Interior).

Río Cuarto. En un juicio con jurados populares, Jésica Moreno (20) fue condenada a ocho años de prisión por haber estrangulado a su bebé, Lautaro, de 2 meses. El caso conmovió a la ciudad en diciembre de 2011. La joven, que también es madre de una pequeña nena, primero denunció que le habían secuestrado al bebé, luego intentó culpar a una amiga de su pareja y, finalmente, se halló el cuerpito del nene sobre el techo de su casa.

Jésica estaba detenida e imputada por homicidio calificado por el vínculo y podía corresponderle una cadena perpetua. Pero en el juicio, que sólo duró dos días, las pericias psiquiátricas permitieron atenuar la condena.

El fiscal Jorge Medina pidió diez años de prisión para Moreno. El defensor oficial, René Bossio, reclamaba la absolución por considerar que la joven habría actuado en un estado de inconsciencia que le impidió comprender la criminalidad del acto. “Finalmente le dieron una pena atenuada, el jurado ha tomado un termino intermedio. De todos modos se trata de un hecho lamentable, sólo queda dolor y familias destruidos. Esperamos que en estos años Jésica sea tratada y pueda criar a su otra hija”, dijo Bossio.

La joven habría ahorcado a su bebé con una media de fútbol de Cristian Angeli, el papá del pequeño, que también tiene 20 años. La parejita vivía junto a la casa de los padres de Cristian, quienes los ayudaban a cuidar a los niños.

Según el psiquiatra Gustavo Zanlungo, Moreno pudo comprender la criminalidad del acto, pero actuó por impulso. Según se analizó, podría haber perdido los frenos inhibitorios por una serie de circunstancias relacionadas con el postparto y una posible patología mental en curso. “No tenía la finalidad concreta de matar al bebé, habría actuado por impulsividad derivada de su carácter base, sin premeditación ni intencionalidad criminal”.

“Si ella estaba pasando un problema de celos o de agotamiento por los niños, hablando podría haberlo resuelto, pero ella tiene una personalidad esquizoide, pocos recursos cognitivos o intelectuales, una dependencia de la familia de su pareja y una carencia de lenguaje”, explicó el perito.

Perdonada. En el juicio declaró la abuela de Lautaro, Mercedes Fernández, quien en medio de un profundo dolor dijo que perdonó a su nuera, porque entiende que "si ella hubiera estado bien no lo hubiera hecho".

“No tengo nada malo que decir de Jésica. Fue una buena mamá. Esa tarde yo me fui a trabajar y la nena quedó jugando a los pies de la cama mientras ella amamantaba a Lautaro. No sabemos qué le pasó”, dijo la mujer. Entre otros elementos, testimonió que la joven era “muy celosa” y que sufría asiduamente de fuertes cefaleas o migrañas.

Parte de su personalidad

Impulso. El perito psiquiatra que la entrevistó evaluó que Jésica Moreno habría actuado "por impulsividad derivada de su carácter base, sin premeditación ni intencionalidad criminal". Explicó que la puerilidad de lo que hizo tras advertir los efectos, como la simulación de un secuestro y un mensaje en el espejo escrito con delineador ("Decile a tu marido que pague, sorra") es parte de su personalidad, y que aún podría determinarse que Moreno cursa una patología psicótica.