Cavernas en las sierras de Córdoba
Además de despertar el interés de turistas que los visitan cada año por su imponente belleza, estos ambientes revisten un gran valor científico, ya que constituyen hábitats de características únicas dentro de su entorno. Hallan a “la Bestia”, el río que brama bajo Los Gigantes
En la región serrana de Córdoba existen numerosos cursos de agua que, en algunos tramos, se infiltran entre rocas, convirtiéndose en ríos subterráneos. Estos sitios corresponden a un tipo particular de cavernas que se desarrollan principalmente en los afloramientos de litología granítica.
Además de despertar el interés de turistas que los visitan cada año por su imponente belleza, estos ambientes revisten un gran valor científico, ya que constituyen hábitats de características únicas dentro de su entorno.
Su ubicación, al igual que la de otros accidentes geográficos, no es aleatoria, sino que está estructurada por procesos geológicos y geomorfológicos a lo largo del tiempo, y responde a la historia evolutiva de las sierras de Córdoba que puede remontarse a través de millones de años en el pasado.
Si bien existen varias explicaciones para sus particulares orígenes, los procesos más habituales que se dan en la provincia son el de remoción en masa y el de erosión in situ.
El primero tiene lugar cuando se produce un derrumbe que sepulta el cauce del río. Esta situación se ve favorecida en lechos con paredes muy empinadas y rocas fracturadas, donde la erosión de la base produce el desprendimiento de los bloques.
El segundo proceso es menos frecuente y se inicia con una preparación previa del terreno en el subsuelo. Durante esta primera etapa, la infiltración del agua altera químicamente la roca en profundidad, acentuando las zonas de debilidad del macizo.
Luego, en una segunda etapa, al aflorar el cuerpo granítico, el agua se infiltra por las grietas generando conductos subterráneos que se ensanchan por erosión durante los períodos de crecida.
A medida que el proceso avanza y es eliminado paulatinamente el material alterado, los bloques remanentes adoptan nuevas posiciones de equilibrio, dejando diversos espacios vacíos entre ellos y dando lugar a las cavernas.
Sin importar cuál de los procesos mencionados sea el involucrado, deben confluir al menos tres factores esenciales para que se produzca el cavernamiento: disponibilidad de agua, fracturación del macizo rocoso y una situación topográfica favorable.
*Geólogo, becario del Conicet. Colaboradores: Nicolás Madelón y Marcela Cioccale

