Cada vez más caras de niñas entre las prostitutas cordobesas
En el centro de la ciudad capital se ve entre las trabajadoras sexuales a chicas que deben tener entre 15 y 16 años.
Remera escotada, minifalda blanca y tacos al tono. Rizos rubios y cara de niña. Unos 15 años, 16 a lo sumo. Un auto con los vidrios polarizados frena, la chica se agacha a la ventanilla de la puerta del acompañante, 10, 15 segundos y se sube al vehículo que parte con rumbo desconocido. Desde las sombras, un hombre de bigotes la observa con una gaseosa en su mano y un teléfono celular en la otra. Estamos en La Rioja y Tucumán, pleno centro de la ciudad de Córdoba. Son las 23.25 y la temperatura desciende.
Media hora después, un policía uniformado camina lento desde Tucumán hacia La Rioja con una planilla en su mano. Observa desde la puerta las whisquerías que a esa hora funcionan con escasa clientela, hasta que se para en la esquina. A 20 metros, otra niña de unos 15 años se asoma a un Fiat Palio muy nuevo. El policía ni se inmuta. ¿Será de la división Protección de las Personas, que es la encargada de detectar menores "trabajando" en la vía pública para sacarlas de allí en su resguardo?, nos preguntamos.
Las respuestas no aparecerán esta noche. El uniformado da media vuelta y sigue con su andar cansino "controlando" quién sabe qué. Esta noche faltó la otra niña que suele pararse en esa esquina. Tiene entre 14 y 15 años y ya es mamá, según nos cuentan unos vecinos.
El auto en el que un equipo de La Voz del Interior realiza la ronda nocturna arranca de nuevo a las 0.45 del viernes. Pasamos General Paz y seguimos dos cuadras por La Rioja, donde otras dos niñas que fingen ser mujeres tiran besos en la esquina con Rivera Indarte.
Metros más adelante nos hace seña una trabajadora sexual más grande. Dice tener 26 años y en segundos recita sus tarifas. "Perdoná, pero buscamos nenas", mentimos. Ella se enoja y nos reprende: "Si querían chicas se hubieran quedado allá, en la Tucumán". ¿Cómo nos divisó a más de tres cuadras y con la General Paz de por medio? En las sombras, un grupo que lucra con los cuerpos de estas niñas no deja nada librado al azar.
El recorrido sigue al filo de la 1 de la madrugada. En La Tablada y Rivera Indarte otra adolescente se para en la vereda. Dialoga con un muchacho que abraza a una chica, hasta que cruza un hombre enfundado en un conjunto oscuro. Habla con ella y sus amigos se retiran.
Giramos por Sarmiento, donde una vasta cantidad de vehículos, también nuevos, giran alrededor del Mercado de Abasto donde, por lo general, está la mayor oferta de travestis. "Nuestro trabajo mermó un poco cuando llegaron los travestis, pero ahora se ha complicado más con la "competencia" de las menores", se queja una trabajadora sexual que desde hace muchos años se para en esa zona.
Cuando Sarmiento se convierte en Humberto Primo, otra vez aparecen los "fiolos" o "cara lisa". En una esquina, un hombre se toca su boina. Más adelante, otro hombre vestido con equipo deportivo habla por teléfono celular. No hace falta ser muy avezado para darse cuenta de que no hacen otra cosa que estar parados allí durante horas, controlando a "sus chicas". Son tratantes de personas, esclavizan voluntades.
A metros de la esquina con General Paz, tres niñas de no más de 15 años reposan sobre una pared. Frena un Volkswagen Azul, cuyo conductor, de unos 30 años, señala a la que tiene la cara de más niña. La pequeña avanza segura, abre la puerta y se sumerge en auto, que arranca y pierde en la oscuridad de calle Igualdad.
Retornamos a Humberto Primo para intentar dialogar con las otras dos pequeñas. Imposible. En escasos minutos, la clientela ávida ya se las llevó.

