Temas del día:

Aportes revolucionarios con esfuerzos mínimos

Hace años que el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia viene marcando la brecha entre los extremos de la pirámide social y, salvo pequeños avances, los datos revelan que no todos tienen las mismas oportunidades.

31 de mayo de 2014 a las 12:01 a. m.
Aportes revolucionarios con esfuerzos mínimos

Las posibilidades de acceso a actividades deportivas, recreativas y culturales siguen siendo en la Argentina demasiado desiguales. La cuota social de un club o el arancel de una academia privada de baile son artículos de lujo para el 25 por ciento más pobre de la sociedad. Y cada vez más para la clase media.

Hace años que el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia viene marcando la brecha entre los extremos de la pirámide social y, salvo pequeños avances, los datos revelan que no todos tienen las mismas oportunidades.

La infancia que se queda afuera de este circuito creativo vital se ubica, también, al margen de esa esencia tan humana como es la búsqueda del disfrute y del placer que, entre tantas cosas, mantiene a las personas saludables, satisfechas y esperanzadas.

Se sabe que el juego en la niñez es un camino de aprendizaje: estimula y desarrolla las aptitudes físicas, emocionales, cognitivas y sociales.

Las actividades vinculadas con lo físico y artístico permiten constituir personalidades fuertes, abrir la mente y el espíritu a los demás, reconocer a los otros, respetar reglas, colaborar, esperar, compartir. Todas herramientas esenciales para la convivencia pacífica.

Las iniciativas barriales, las que se multiplican en los CPC, las de las escuelas que abren espacios extracurriculares o las de organizaciones o voluntarios que levantan potreros o canchas de rugby y hockey en los suburbios de la ciudad, son pequeños mojones que habría que proteger de manera comunitaria.

El Estado no sólo tiene la obligación de mejorar las plazas y la seguridad, de generar oportunidades accesibles y libres de juego sino que debería inundar los espacios públicos de música, de pintura y de plástica, fomentar una “cultura de la creatividad” para que los niños y adolescentes sepan que tienen derecho a jugar, a expresarse artística y deportivamente.

La iniciativa sería una contribución social revolucionaria, de esfuerzo mínimo, que permitiría formar más personas creativas, solidarias y sensibles; crear ciudades seguras y sociedades sanas, menos violentas y más humanas.