Aldana, la cordobesa a la que el mundo le pasa por la piel
A los 24 quedó ciega. Con 34, hace una “vida normal”, desdramatiza y suma logros deportivos. Ahora integra la selección argentina de atletismo paralímpico.
Embalse. Aldana Molina asegura que comenzó a ver con claridad el día en que quedó ciega. Una retinopatía diabética le provocó, hace 10 años, que en apenas tres meses perdiera la visión total de ambos ojos. "Vivía en Buenos Aires con mi mamá, trabajaba con mi hermana en su fábrica de disfraces", recuerda. Tenía 24 años.Al cuarto mes de ceguera ingresó a un instituto de rehabilitación donde se entrenó para reinsertarse con su "impedimento", como ella lo llama. Tuvo asistencia psicológica y aprendió el lenguaje Braile y técnicas para manejarse en ambientes cerrados y en el exterior, con apoyo de un bastón.El respaldo de sus tres hermanos y sus padres, que nunca confundieron la contención con la lástima, fue el principal sostén para enfrentar su nueva realidad. "Ellos me dieron la fuerza y me dijeron que definiera qué quería hacer de mi vida", relata, ahora con 34 años."Mi hermana me dijo: arruiná material y emprendé", cuenta, para citar que así retomó lo que venía haciendo: cortar telas para producir disfraces. "Primero cortaba, después me animé a armarlos con la pistola de siliconas", simplifica Aldana.Salir a bailar y divertirse seguía siendo parte de su rutina. A su actual pareja la conoció en un boliche, al año de perder la visión.Hace cuatro años, dejó la gran capital y se radicó en Embalse, su pueblo natal en las sierras cordobesas. "Me toca hacer de todo. Cocino, aunque no me gusta, pico, pelo y meto en la olla y mi novio cuida que no se queme. Lavo la ropa, cuelgo, plancho, barro", enumera. Mientras, sigue colaborando con los disfraces de su hermana. Y cuida de tres perros.
El mundo, por la piel
Aldana se especializa en desdramatizar: “Nada es imposible, hay pocas cosas que no podés hacer. Creo que estuve ciega 24 años y recién empecé a despertar a partir de no ver”, marca como paradoja. Se recuerda como una persona un tanto fría y admite que en estos años el contacto físico y las palabras cobraron otra dimensión.
“Si bien te privás de ver muchas cosas, cuando estás atenta percibís otras, porque el mundo te pasa por la piel”, compara.
Al disminuir el ritmo de vida por su ceguera, decidió retomar la natación. Del agua pasó a la pista, a descubrir el atletismo. Hoy, el deporte ocupa gran parte de sus días. Viaja sola en colectivo, de lunes a viernes, los 36 kilómetros entre Embalse y Río Tercero para su rutina de alto rendimiento, ya que integra la selección argentina paralímpica. Su especialidad: el disco.
De la mano de Guillermo Mores, entrenador especializado en deportistas con discapacidades de la Escuela Municipal de Atletismo de Río Tercero, va sumando logros. En marzo, logró la medalla de oro en los Juegos Para Odesur, en Chile. Mientras, se prepara para los Para Panamericanos de Canadá el año próximo. En el horizonte, asoman los Juegos Paralímpicos 2016, la máxima instancia para cualquier deportista.
Apoyo para competir en el primer nivel
Sponsor. Aldana tiene apoyo oficial y de privados para solventar sus viajes y los de su entrenador para cada competencia. Desde hace dos años, su sponsor principal es la cadena de farmacias cordobesas Líder, que además de proveer recursos le otorga insumos que necesita para el tratamiento de su diabetes. También recibe una beca de la Agencia Córdoba Deportes, de 700 pesos mensuales, y ayudas económicas de los municipios de Río Tercero y de Embalse.

