A ponerse los pantalones
Después vinieron los jeans con telas escocesas por dentro, a las que había que mostrar con exageradas botamangas.
La imaginación popular ha creado fantasmas, brujas y seres diabólicos para asustarnos, pero a lo que más le teme el hombre es al ridículo, asegura mi amigo Gaspar Buteler Bonaparte. Ya escribió dos libros sobre esa debilidad hu-mana y las insólitas situaciones que se crean. Y en cuestión de ridículo, pocas cosas se encuadran en esa categoría tan fácilmente como los pantalones masculinos que la moda impuso en algunos momentos de la historia. Nuestra generación se salvó raspando de usar pantalones cortos hasta bien entrada la adolescencia. Las fotos de mi padre y mis tíos cuando tenían 15 años los muestran con las rodillas al aire, al mejor estilo del pibe rebelde de la primera portada de la revista Billiken. Ellos accedían a los pantalones largos recién cuando sus padres los consideraban "mayores".La suerte nos libró de esa pena, pero al mismo tiempo nos obligó a usar prendas de muy dudoso gusto. Cuando tenía unos 10 años, se pusieron de actualidad los "oxford", tan anchos abajo que traían tela como para hacer otro par más.Cuando ibas por la mitad de la cuadra, la punta del pantalón ya había llegado a la esquina. Incómodos y difíciles de cuidar, yo los tenía siempre sucios en las puntas, mojados por los charcos de la calle y hasta mordidos por un perro salchicha de la vecina de la esquina, que me agarró una mañana cuando iba atrasado al colegio.Después vinieron los jeans con telas escocesas por dentro, a las que había que mostrar con exageradas botamangas que "el Pili" Alterio arremangaba hasta las rodillas porque era petiso y se negaba a que se los arruinaran con un dobladillo.Ya cuando cursé la secundaria, la usanza obligó primero a tener los pantalones de carpintero. A mí no llegaron a comprarme de esos, porque eran muy caros, pero jamás podré olvidar los que tenía "el Cuchu" Berecibar en segundo año. Tenían 17 bolsillos, cintas para colgar martillos o pinzas y hasta botamangas generosas. Todo eso de adorno, porque no quedaba bien llevar nada allí. Si hoy existe la trata de personas en la confección de prendas, por esa época lo que había era trata de usuarios. ¿De qué te trataban con ropas así?Más tarde llegarían los "nevados", que no eran otra cosa que vaqueros arruinados con pinceladas de lavandina. De esos sí tuve un par; Fiorucci, eran. Tenían que ser de marca, porque de esa forma las chicas te trataban mejor, según una teoría del "Tano" Ellera, mi maestro de "levante", quien llegó a gastar Calvin Klein o Yves Saint Laurent cuando sólo se conseguían en Europa.Pocas cosas he visto más ridículas que aquellos raros pantalones cuya actualidad duraba apenas un año o sólo meses. Cuando se pasaban de moda, ni para trapo servían; por eso pocos se animan hoy a mostrar las fotos de aquellos años en los que te disfrazaban de payaso de la cintura para abajo.

