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2 de abril: memoria y acontecimiento

05 de abril de 2011 a las 04:19 p. m.
Redacción La Voz
2 de abril: memoria y acontecimiento

En el acto que se hizo en uno de los colegios donde trabajo, en conmemoración por el 2 de Abril, escuchamos el tema de Alejandro Lerner: “La isla de la buena memoria”.

El pasado 24 de marzo rendíamos honor a la memoria, a la verdad y a la justicia. Ocasión que también se conmemoró en la escuela, esta vez compartiendo el testimonio de quien había sufrido la detención y la tortura durante siete años.

Ana, nos contaba: “Tenía 20 años cuando me metieron en el baúl del auto, iba caminando por Alberdi con dos compañeros de la facultad, uno de Filosofía y otro de la escuela de cine, a ellos no los vi más”.

En ambas ocasiones me emocioné, casi hasta las lágrimas, y en una semana marcada por la memoria, me puse a pensar que recordaba yo de todo esto. En el 76 tenía apenas 5 años, en el 82; un niño de 11.

Del 76, sólo llegaron algunas cosas que me contaron mis padres. Que importante es hablar con los padres para mantener la memoria. Así supe porqué mi tía Nuni (hermana de mi papá) tuvo que irse a vivir a México, acompañando a su esposo: Iván Baigorria; profesor de Antropología Cultural en la Facultad de Filosofía y Humanidades.  Hoy una sala de la Biblioteca de esa facultad lleva su nombre. De Iván, no tengo muchos recuerdos, murió al poco tiempo de volver de México.

Pero en esto de hacer memoria, y hoy ayudado por la tecnología, puse su nombre en Google y encontré una hermosa semblanza: http://www.ffyh.unc.edu.ar/alfilo/alfilo-2/historias-y-personajes.htm

Me volví a emocionar, cuantas cosas en común pensé. Qué bueno que es hacer memoria. Y seguí pensando. Y claro, las imágenes y los recuerdos más fuertes llegaban referidos más al 2 de abril del 82 que al 24 de marzo del 76.

Y entonces como rindiendo un homenaje a la memoria y al acontecimiento, dejé que esos recuerdos llegaran para situarme en ese momento. Tenía 11 años cuando se declaró la guerra. Malvinas era para mí una suerte de juego que se reducía en expresiones como volteamos 3 nos hundieron 1 tenemos 5 aviones de ventaja.

Recuerdo que estando en 5º grado del colegio La Salle esperábamos ansiosos el recreo para escuchar por los altoparlantes del patio las noticias de lo que ocurría allá, lejos, en las Malvinas.

Y ni les cuento cuando la Seño de Música cambió el repertorio de canciones infantiles que aprendíamos en la sala, por la marcha de Malvinas entre otras marchas militares. Parecía que todos teníamos puesta la camiseta de Argentina, y no se trataba de un mundial de fútbol.

En realidad, no se trataba de un mundial de fútbol, porque la contienda no era en una cancha, sino en una geografía bastante particular, lejos del continente, con temperaturas muy por debajo de lo que nosotros estamos acostumbrados a padecer. Y no había una pelota de por medio, sino la soberanía sobre un territorio. Y no se cobraba penal o full, se cobraron 649 vidas de argentinos, y 255 de soldados ingleses.

Lo más triste es que para los que en ese momento conducían los destinos de la nación, daba lo mismo un mundial de fútbol, que una guerra, total, el fin era el mismo: procurar el apoyo popular, intentar remontar el desgaste de un gobierno militar que naufragaba sobre una difícil situación económica y en las numerosas denuncias por violación a los derechos humanos.

No importaba si en el medio había goles, o vidas humanas, la cuestión era que todos nos pusiéramos la camiseta. Sin embargo, la derrota dio el golpe de gracia a las autoridades militares, que debieron resignar sus deseos de perpetuarse en el poder, para permitir el retorno de la democracia.

Hoy, cuando miro para atrás siento que no sólo yo estaba en 5º grado, la población entera parecía no superar los 11 años. En este sentido cabe decir, que recordando aquellos tiempos de confusión, el investigador y periodista Oscar Raúl Cardozo señaló que "…la sociedad argentina vivió en estado de enajenación durante la Guerra de Malvinas, al punto de ignorar la manipulación del sentimiento patriótico por el poder militar...”.

Y hoy, a 29 años del acontecimiento me pregunto ¿qué aprendimos de todo esto los argentinos? ¿Es que la vida de la nación sigue siendo un juego? ¿Es que la sangre derramada de 649 soldados, muchos de ellos que apenas superaban los 18 años, no es suficiente para pensar que si queremos continuar con la causa de Malvinas primero tenemos que demostrar que somos capaces de organizarnos como nación?

Muchas veces escuche decir cuando era alumno: los jóvenes son el futuro de la Nación. En ustedes está nuestro futuro. Hoy me toca ser docente y digo: ustedes son el presente, nosotros somos presente. Hoy tenemos que ser responsables, hoy tenemos que aprender y estudiar para que el día de mañana no nos vuelvan a tratar como a chicos de 11 años, hoy tenemos que comprometernos responsablemente en nuestras actividades.

Porque es la manera en la que nos construiremos como ciudadanos honestos y soberanos. Y en la medida que nos construyamos como ciudadanos honestos y soberanos, podremos conquistar una nación soberana. Hoy la guerra es contra nosotros mismos, nuestra idiosincrasia, nuestra historia, nuestros vicios, y debilidades.

Lamentablemente en esta situación las islas están más lejos que nunca de volver a ser argentinas. La recuperación debe reiniciarse mediante la reconquista de nuestra identidad democrática.

Hoy, y más allá de las arbitrariedades que significó la gesta de Malvinas, recordemos a aquellos, que hace 29 años dieron la vida por la patria en el cumplimiento de su deber. Y es nuestra obligación mantener viva la memoria y el honor de semejante sacrificio ofrecido al altar de nuestra Nación.

Hoy, a 29 años del acontecimiento, ¿seremos capaces de honrar semejante sacrificio, comprometiéndonos ante la urgencia de convertirnos en un país serio? Todos pretendemos un mejor futuro, empecemos entonces a construir nuestro presente.