El garbanzo, con una buena junta: el agua en fecha de siembra
Alternativa invernal: se sugiere partir con no menos de 400 milímetros de agua total almacenada hasta los dos metros de profundidad. Ensayo en el campo de Ciencias Agropecuarias.
Desde hace unos años, en la región central de la provincia de Córdoba, y en el horizonte de los cultivos alternativos invernales en secano y en siembra directa, apareció el garbanzo. Al igual que el clásico trigo, éste se "hace" con el agua almacenada en el suelo a la siembra. Se sugiere partir con no menos de 400 milímetros de agua total almacenada hasta los dos metros de profundidad. ¿Cuánta de esta agua va a ser transformada en grano por parte del cultivo? Dependerá, entre otras cosas, de la capacidad que tiene el garbanzo para extraerla del suelo, transpirarla e –intercambio gaseoso de por medio– secuestrar carbono. La relación entre kilogramos de semilla obtenidos por hectárea y la cantidad de agua evapotranspirada a lo largo del ciclo del garbanzo (eficiencia en el uso del agua o EUA) cuenta en el denominador con una componente (evaporación) cuyo control está al alcance del técnico. Pérdida inadmisible. La pérdida de agua por evaporación es inadmisible en un ambiente en el que las precipitaciones durante el período invernal brillan por su ausencia. Por lo tanto, la "cisterna" en donde se almacena el agua debe poseer una "tapa" no tan liviana para que se rompa ni tan pesada para que no se pueda levantar. Obviamente, este juego de palabras alude a la cobertura del suelo con rastrojo, pilar de la siembra directa. Al momento de decidir por la fecha de siembra debemos considerar aspectos relacionados con la fenología del garbanzo y con las condiciones ambientales durante su ciclo biológico. En cuanto al cultivo, habrá que evitar que la floración (período crítico) acontezca con temperaturas excesivamente bajas (por debajo de los dos grados).Por otra parte, no cualquier combinación de radiación, temperatura y demanda atmosférica sintetiza el óptimo ambiental para que el garbanzo exprese su rendimiento potencial. Ensayo. Durante el 2010, en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (UNC) se implantó el cultivar de garbanzo Chañaritos a razón de 40 semillas viables metro (35 centímetros de distancia entre surcos) en tres fechas de siembra: 1° de abril, 1° de mayo y 1° de junio. Se midió el agua total a la siembra, en floración y a cosecha. Con cero por ciento de humedad, se estimó el rendimiento en semilla y en biomasa aérea por hectárea. El lote en el que se implantaron las distintas fechas de siembra está sujeto a siembra directa desde hace más de siete años. Para la campaña agrícola en cuestión, se partió con un barbecho de verano que permitió almacenar entre 400 y 450 milímetros de agua total y con un trigo como cultivo antecesor que dejó en superficie siete mil kilos por hectárea de cobertura. Rendimientos. Con la siembra del 1° de abril se logró producir más de 6.000 kilos de biomasa aérea por hectárea, lamentablemente sin el correspondiente correlato con el rendimiento en semilla. En esta fecha de siembra, la floración aconteció en julio, mes en el que las bajas temperaturas provocaron aborto floral en reiteradas oportunidades. Superado el período de frecuentes heladas y con una biomasa aérea exuberante e intacta, el cultivo reinició la floración. La escasa cantidad de agua disponible en este momento determinó que el rendimiento en semilla apenas supere los 600 kilos por hectárea. En consecuencia, la eficiencia en el uso del agua para producir grano fue de tan sólo 2,64 kilos por milímetro y por hectárea. Óptimo fenológico. En este ensayo, la fecha de siembra del 1° de mayo resume el óptimo fenológico-ambiental para el cultivo de garbanzo. ¿Por qué? Se superaron los 5.000 kilos de biomasa aérea por hectárea, de los cuales poco menos de 1.700 kilos correspondieron a grano y se logró una eficiencia en el uso del agua (5,89 kg/mm/ha), semejante a la de la siembra del 1° junio, fecha que fue favorecida por una precipitación "milagrosa" en plena floración. Además, los autores basan su decisión en las temperaturas que suelen acompañar la emergencia del cultivo durante mayo y junio. Al respecto, la siembra de junio fue la que más demoró en definir el número final de plántulas emergidas y aquella que secuestró menos carbono en términos de biomasa aérea. Con 30 años de "dictadura" por parte de los cultivos estivales bajo el modelo de siembra directa, con la alternancia de gobiernos "populistas" bajo la forma del doble cultivo para la región, ¿no deberíamos salir a la calle y proponer al garbanzo como una alternancia democrática y sustentable, en la que en el verano el terreno "descansa" y en el invierno "trabaja" en un contexto ambiental en el que malezas, insectos y enfermedades demandan un gasto energético sustancialmente menor al de los cultivos estivales? Informe elaborado por los estudiantes Jeremías Brusa y Nicolás Reznikov de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (UNC), bajo la tutoría del ingeniero agrónomo Ricardo Maich. [email protected]

