Más cerca del piso que del techo
Aunque el factor climático ayudó a achatar el promedio de superficie, las intervenciones desalentaron el área sembrada. Carlos Petroli.
Si el mismo Guillermo Moreno acaba de admitir errores en la política oficial en materia de carnes, los productores trigueros se salen de la vaina para escuchar un mensaje semejante, un mea culpa que abra las puertas a correcciones en este rubro. De manera sutil pero directa se lo mandaron a decir ayer al Gobierno nacional en Córdoba, durante una nutrida jornada en la que se trató el ingreso a la canasta agrícola de otros cultivos –como el garbanzo, la colza y la cebada– posicionados como alternativas."Pensamos que todos debemos trabajar para consensuar un cambio, convencidos de que no hay mejor garantía de la seguridad alimentaria de los argentinos que un mercado libre y transparente", expresó Rubén Bergero, presidente de la Bolsa de Cereales de Córdoba.Añadió que el sector agrícola tomó nota de las condiciones internas y ha madurado la idea de contar con cultivos alternativos, de disponer elecciones que no lo sujeten a una única opción que, encima, no sea conveniente. Y Gabriel Foco, economista de la Bolsa de Cereales de Bahía Blanca y vicepresidente de Argentrigo, se apoyó en la estadística para señalar el impacto de las "interferencias" públicas: en una serie de 43 campañas, desde fines de la década de 1960, nunca habían transcurrido cuatro años seguidos con menos de cinco millones de hectáreas de trigo en el país. El promedio de las últimas cuatro, entre la 2006/2007 y la 2011/2012, fue de 4,85 millones. Pero si la comparación se remonta al primer quinquenio de la década pasada (2001/2002 a 2005/2006), la superficie se ubicaba bastante más arriba, en 6,2 millones de hectáreas, un 28 por ciento superior.Aunque el factor climático ayudó a "achatar" el promedio durante la "era Moreno" –en particular en la campaña de 2009/2010–, las intervenciones del mercado triguero hicieron su tarea: desalentaron la producción. Puerta entreabierta. El trigo argentino sigue teniendo una puerta entreabierta para volver a ponerse los pantalones largos, de la mano de la mayor demanda de alimentos y biocombustibles. Depende de cómo se hagan los deberes, tranqueras adentro y afuera. La visión de cadenas de valor que se proclama desde los escritorios oficiales debería pasar al campo de las fortalezas y no de las amenazas y debilidades, tal como hoy lo perciben (y lo sufren) los productores. Según Argentrigo, las oportunidades están a la vuelta de la esquina, con un mercado en crecimiento a escala regional e internacional. Uno de los activadores de la demanda viene por el lado del aumento de la población mundial. Se añade un componente de peso: la creciente utilización de maíz en la elaboración de bioetanol crea una nueva oportunidad para el trigo en su variante forrajera, sin desmerecer los otros usos. Amén de ser un cultivo "federal" por su localización geográfica, en conjunto con la industria, no debe perderse de vista la gravitación económica de la cadena. En 2006, cuando todavía el mercado no figuraba con el rótulo de "intervenido", representó un agregado de valor por 5.300 millones de dólares.

