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El maíz de segunda, en carrera

Competitivo: rendimientos estables y mejor respuesta que una soja de segunda si se atrasan fechas de siembra.

01 de octubre de 2010 a las 12:02 a. m.
El maíz de segunda, en carrera

El cultivo de maíz posee una plasticidad que le permite ser sembrado en diferentes fechas y competir fuertemente con la soja en fechas de siembra "no tradicionales". El maíz de segunda es, conceptualmente, aquel que se siembra luego de un cultivo de invierno (trigo, cebada, legumbres o verdeos). Es decir, un cultivo detrás de otro de crecimiento inverno-primaveral en la misma campaña agrícola. Según un trabajo presentado en Córdoba por el departamento de Desarrollo Técnico de Monsanto Argentina, la factibilidad de realizar esta alternativa es muy alta, básicamente por la mejor respuesta que tiene el maíz versus la soja de segunda sobre el atraso en la fecha de siembra, y porque permite obtener rindes altos y estables. El maíz de segunda brinda la posibilidad de incorporar dos gramíneas que aportan altos volúmenes de rastrojo. Así, se pueden generar más y mejores rindes, y obtener ingresos mayores y estables en el tiempo, frente a la alternativa del monocultivo de soja. Además, el maíz de segunda permite diversificar el riesgo climático y, por ende, el riesgo económico.Hasta ahora, en la Argentina fue más habitual sembrar soja de segunda sobre trigo, pero ésta es una práctica común en otros países del hemisferio sur como Paraguay y Brasil. Alrededor del 61-65 por ciento de la superficie de trigo en la Argentina pasa a soja de segunda. El 30-40 por ciento del trigo se siembra en la pampa húmeda, área donde el cultivo de maíz de segunda es factible (el restante 60 por ciento se lleva a cabo en zonas donde la alternativa vigente es sólo soja de segunda, sobre todo en el sudeste de Buenos Aires). En esta campaña, el cultivo de trigo mostró un crecimiento del orden del 24 por ciento, alcanzando los 3,4 millones de hectáreas, lo que habilita una mayor superficie para cultivos de segunda. Beneficios agronómicos

Sustentabilidad del sistema. La sustentabilidad de los sistemas agrícolas depende de un manejo global que permita un uso más eficiente de los recursos (agua, carbono, nutrientes), y que tienda a minimizar la degradación química, física y biológica del sistema. Incorporar gramíneas como el maíz a las rotaciones, favorece la sustentabilidad de los sistemas a través de elevados aportes de materia orgánica a los suelos; mejora su balance de carbono, favorece la extracción equilibrada de nutrientes, su estructura física y química, reduce los riesgos de degradación hídrica y eólica, la probabilidad de aparición de resistencia a malezas, y la incidencia de enfermedades y plagas. Mayores rindes del cultivo siguiente. Resulta evidente que la participación del maíz en la rotación de cultivos en siembra directa tiene un papel fundamental en el mantenimiento de las condiciones que permiten la máxima expresión del rendimiento de los cultivos que lo suceden. Se ha podido verificar que el aporte del maíz al rendimiento de la soja de primera siguiente es del 16 por ciento. Es decir que con la secuencia trigo/maíz de segunda-soja, junto con el efecto beneficioso del aporte del rastrojo de maíz, se podría lograr una mejora en los rendimientos de toda la rotación, con un menor tiempo de ocupación del lote. Mayor estabilidad del sistema productivo. Las prácticas de manejo que permitan adelantar la desocupación del lote, y reducir la demora de la siembra del maíz de segunda, constituirán estrategias convenientes cuando no existan limitantes hídricas (sequías estacionales) que condicionen dicha anticipación. Sin embargo, en relación con la soja, el cultivo de maíz es más estable en todas las fechas de siembra, y reduce su potencial de rinde en menor medida que la soja a medida que la fecha de siembra se retrasa. Beneficios económicos. El maíz de segunda permite diversificar el riesgo climático y, por ende, el riesgo económico. Los beneficios técnicos del maíz de segunda expuestos con anterioridad pueden materializarse fácilmente en los diferentes análisis económicos que se generan en el primer y segundo año agrícola. Para la región pampa húmeda puede estimarse un margen bruto de 526 dólares por hectárea para el maíz de segunda, un beneficio para el productor 51 por ciento superior al de la soja de segunda. Retorno. La rentabilidad del cultivo tiene excelentes resultados a nivel retorno sobre la inversión, compitiendo a la par con la soja, incluso en campos alquilados. Margen bruto extendido en el tiempo. Rotación bianual trigo/maíz de segunda-soja de primera: considerando que el motor del maíz en el contexto argentino es la rotación, es lógico analizar los resultados económicos en un conjunto de rotación durante dos años o dos campañas agrícolas. Siguiendo el concepto de rotación de cultivos y asumiendo que el maíz genera beneficios adicionales de 16 por ciento más de rinde en promedio en la soja que se va a sembrar el año siguiente, la ecuación económica se inclina un 22 por ciento a favor del binomio trigo/maíz de segunda-soja de primera. Menor riesgo de inversión por la mayor estabilidad. La estabilidad en los rindes del maíz confirmada en los últimos años ofrece al productor que elija sembrar maíz de segunda una importante estrategia para minimizar los riesgos de su inversión.