La ruta de los lapachos
Es la ruta número 1. Nunca hubo una numeración tan bien ganada. Si yo quisiera conocer Córdoba, empezaría por ahí.
¿Alguna vez recorrieron la ruta provincial 1, esa que parte de San Francisco y llega a Morteros, antes de perderse en Santa Fe? Yo lo hice este viernes.
Me invitaron a dar una charla los alumnos del Instituto Agrotécnico Salesiano de Colonia Vignaud, un pequeñísimo y bellísimo pueblo de 700 habitantes que está bien al noreste de Córdoba, a metros de caer en el lado santafesino del mundo.
La escuela en sí da para una historia: la onda de profesores como Elver Ferraresi y los alumnos de sexto año que organizaron la Expodidáctica en la que tuve el honor de participar; el involucramiento de los padres de toda la región que mandan a sus hijos a esa escuela de excelencia y colmaron una sala enorme. El vozarrón y el sentido del humor del director del colegio salesiano, el padre Bossio. Su corpachón inmenso no alcanza para alojar el orgullo que ese señor siente por su escuela.
La calidad educativa se hace evidente en la capacidad de los alumnos para organizar un evento que salió redondo, incluido el cierre con "bifecitos a la Vignaud", una delicia local que desconocí por décadas, hasta que el jueves a la noche... el verbo se hizo carne.
Pero no es eso lo que quería contarles. Aproveché el viaje para entrar en cada uno de los pueblos y ciudades de la ruta 1. Aunque fuera un ratito. El jueves a la noche me sorprendió Morteros, la última ciudad cordobesa antes de entrar a Santa Fe. Su vida nocturna, su planta urbana de avenidas anchas, su modernidad, su pulcritud arbolada, de casas arregladas.
De ahí para abajo aparecen las perlas del collar más bonito de la pampa cordobesa. Empezando por Brinkmann, que parece otro país. Les juro que vi a brinkmanenses en bicicleta esperando la luz verde de un semáforo. Aunque no hubiera autos a la vista. Las calles de Brinkmann tienen la mayor densidad de lapachos en flor que vi en mi vida. Después entendí: el profe Ferraresi -ese que ya les mencioné- es director del vivero provincial que hay en Brinkmann. De allí salió la nube rosa en la que en estos días flotan los pueblos de la ruta 1, como fui viendo.
No hay basura en Brinkmann. La gente es súper amable. Andan casi todos en bici. Tienen flores en los canteros de las plazas y en sus muchos boulevares de ciudad bien planificada. Se respira armonía. Una empleada municipal va en bicicleta a cuidar la salida de los chicos de una guardería. El señor del hotel te pregunta si querés guardar el auto en la cochera a la noche, pero te avisa que es completamente innecesario. Lo es. No hay countries en la ruta 1.
Acá, la riqueza es amiga de la austeridad.
El escenario se repite, bajando hacia el sur, cuando uno pasa por Porteña, por Freyre y hasta por el mínimo Luxardo, antes de entrar en San Francisco.
La gente de la ruta 1 parece haber inventado hace rato una cultura. Que no está hecha sólo de lapachos y casas bien mantenidas.
Han logrado que el campo y la ciudad se den un beso. Y la clave del amor son las agroindustrias, empresas que transforman los frutos de la tierra en cosas que nosotros consumimos todos los días y que también se exportan.
En Morteros te salta el nombre de Lactear, pero también se fabrican biodiésel, herramientas, muebles, semillas, maquinarias agrícolas, entre muchas otras cosas. Como en toda la zona.
Brinkmann es la casa natal de La Piamontesa.
Entre Brinkmann y Porteña está Arla, con una modernísima planta que es la procesadora líder de sueros lácteos en el Mercosur. El suero se transforma allí en ingredientes que surten a la industria alimentaria de varios países.
Freyre es a su vez la cuna de Manfrey. Porque en la ruta 1 cada localidad tiene su "industria de bandera", como ven.
Les recomiendo ese viaje. Es inspirador. Los tambos a los costados de la ruta, los pueblos cuidados, y no sólo los lapachos, te llevan a preguntarte por qué estos lugares saben florecer, y si su fórmula podría trasladarse al resto de la pampa argentina. Hay que preguntarles cómo hicieron.
Es la ruta número 1. Nunca hubo una numeración tan bien ganada. Si yo quisiera conocer Córdoba, empezaría por ahí.

