De día es una cosa, pero de noche tal vez hasta sea mejor. Bueno, en realidad ambas versiones de Nueva York tienen sus encantos, y bien vale exprimir la estadía y conocer todas las alternativas que se puedan.
Si bien Broadway es una referencia ineludible en materia de espectáculos y turismo, para alguien que no asistió con anterioridad a un evento del circuito teatral más conocido del mundo, es absolutamente deslumbrante. Fuimos a ver Harry Potter and the Cursed Child.

La experiencia comienza apenas se ingresa al Teatro Lyric: envuelto en sus luces y el magnífico techo de su hall principal ya invita a despertar los sentidos que luego se siguen estimulando con la variedad de merchandising temático dedicado al mundo de Harry Potter.
De lleno a la obra, sucede “la magia”. Todo está dispuesto para disfrutar en un silencio absoluto donde los personajes realizan su performance y la puesta en escena no se hace esperar para sorprender: muebles que se corren, luces y sonidos, personajes flotando por todo el teatro. Una experiencia que hay que vivir (al menos) una vez en la vida.
La obra es magnífica y hace honor a las excelentes críticas que ha recibido. Para el buen disfrute de toda la experiencia es recomendable no sobrecargar la agenda de ese día y poder disfrutar bien las tres horas y media que dura el espectáculo, repartidas en dos actos y un intermedio de 20 minutos.
Una visita a New York no está completa sin una experiencia en Broadway.
Cocktails y un carrusel en el piso 18
Tomar tragos en un rooftop neoyorquino es de por sí un plan tentador, pero cuando llega la noche y se encienden las luces del magic hour, con su muy instagrameable puesta en escena, la experiencia se vuelve completa.
Y si eso no es suficiente, está el Magic Hour Rooftop Bar & Lounge, en el hotel más grande de la ciudad, que con su concepto de “parque de diversiones urbano” orientado a los adultos ofrece vistas únicas del Empire State Building.

Este lugar es simplemente increíble. Invita a sentirnos niños grandes dando una vuelta en su carrusel florido con un trago en mano. En el piso 18 del Hotel Moxy Time Square, cuenta con cinco ambientes distintos: el vestíbulo de entrada similar a una galería presenta animales topiarios caprichosos en posiciones sugerentes y atrevidas.
Sigue un pequeño salón interior tiene un ambiente definido por sus creadores como “urbano-industrial sexy”, con paneles de malla de alambre remachados en el techo y las paredes. Los aplausos se los llevan dos áreas al aire libre separadas: una con vista al Empire State Building y otra con un ambiente de estilo carnavalesco, con un área de asientos que gira como un carrusel antiguo.
Paseo nocturno desde el agua
Navegar por los ríos East y Hudson nos permite seguir alimentando el espíritu con las vistas más icónicas del skyline de Manhattan y sus vecinos Nueva Jersey y Brooklyn.

La experiencia se convierte en algo absolutamente inolvidable si lo hacemos cenando a bordo del Bateaux New York, donde se puede disfrutar de una exquisita cena que tiene su punto cúlmine al acercamos a la Estatua de la Libertad.
Durante tres horas quedamos absolutamente capturados por todo lo que nos rodea: un cocktail, la brisa y los suaves sonidos de una banda musical que interpretan covers complotan para el disfrute total.
El barco sale a las 19 del muelle 61 y regresa a las 22. El embarque comienza a las 6.15, lo que da el suficiente tiempo para relajarnos y pensar en las opciones del menú de tres pasos. Es recomendable reservar con tiempo, porque estas experiencias son muy populares y la capacidad se agota rápidamente.