La energía de una "gran pileta" color esmeralda salpica y los viajeros se turnan para estar más cerca, para sentir que esa inmensa masa de agua los abraza. No ostentan el título de ser las más anchas, ni las más rápidas del mundo, pero su juego de altura y volumen las vuelve únicas. Sus caídas, que tienen unos 57 metros de largo y avanzan a una velocidad de 65 km por hora, se iluminan todas las noches.
Corren sobre el río que lleva el mismo nombre y que fluye de sur a norte desde el lago Erie al lago Ontario. El término Niágara surge de la creatividad de la tribu iroquesa y significa "trueno de agua", nunca mejor elegido. A este punto sagrado de la naturaleza se puede llegar después de dos horas en bus desde Toronto. Sin dudas, está entre las mejores inversiones de tiempo para los que elijan visitar una de las ciudades más cosmopolitas y seguras del mundo.

Laberintos bajo tierra
Además, el que aterrice en "la Nueva York limpia" -como se suele etiquetar a Toronto- se fascinará con la ciudad subterránea. Para hacer frente a las temperaturas extremas del invierno (algunos días el termómetro marca -30°C), los canadienses idearon el PATH , una red de túneles peatonales que conecta los principales puntos de atracción, comercios, estaciones de trenes, subte, edificios y oficinas.


El perfil de una ciudad vibrante
La voz de los viajeros
"Edificios y paisajes newyorkinos con el orden y la amabilidad canadienses. La CN Tower y el acuario son fantásticos". Pablo Mantovani, ingeniero electrónico.

"Una ciudad cosmopolita con altos edificios, orden y naturaleza. Para no perderse: el acuario de Ripley donde te sentís inmerso en el océano". Virginia Sánchez, relacionista pública.